CRÍTICA – SIRENS, Cuando el lujo se convierte en prisión

En Sirens, una miniserie de cinco episodios creada por Molly Smith Metzler y protagonizada por Julianne Moore, Netflix nos transporta a una isla paradisíaca donde el mar parece calmo, pero las relaciones están a punto de naufragar. Simone (Milly Alcock) trabaja para Michaela Kell (Julianne Moore), una filántropa millonaria y excéntrica cuya casa frente al mar está llena de reglas, rituales veganos, y reciclaje estricto. Devon (Meghann Fahy), la hermana de Simone, llega a la isla preocupada por lo que percibe como una influencia peligrosa sobre su hermana. Sin embargo, lo que inicia como un viaje de rescate se convierte en una batalla psicológica entre clase, poder, trauma y pertenencia. Todo esto, con una estética cuidada al detalle: vestuario tropical chic, telas blancas ondeando, cenas con vajilla perfecta y secretos que huelen a vino caro y culpa vieja.

El título Sirens no es casual. Juega con la dualidad del mito: las sirenas que encantan con su canto hasta que destruyen a quien se deja llevar, y las sirenas de emergencia que anuncian peligro inminente. Michaela es ambas. Te seduce con espiritualidad, con su activismo desbordado de superioridad moral, pero detrás hay manipulación, control y una necesidad brutal de dominio. La serie también subvierte la tradicional figura del villano masculino. Aquí, la verdadera amenaza son las mujeres: ricas, refinadas, crueles. Y los hombres —Kevin Bacon incluido— son satélites torpes, emocionalmente desconectados, casi accesorios. Ellas piensan, ejecutan, destruyen. Ellos apenas reaccionan. Y eso, lejos de ser una crítica, es parte de lo que hace esta historia tan inquietante y el chisme tan bueno.

Fotogramas de Sirens, Simone (Milly Alcock) y Devon (Meghann Fahy). MACALL POLAY/NETFLIX

Estamos claros de que Sirens no innova demasiado en su fórmula: ricos con vidas supuestamente perfectas, casas de ensueño, personajes que aparentan bondad mientras esconden decisiones perturbadoras. Pero funciona, especialmente en el aspecto adictivo y farandulero. Y funciona muy bien. Te mantiene pegado al sofá, atrapado en cada mirada que no se dice, cada frase pasiva-agresiva. Hay algo fascinante en los ricos caídos en desgracia, por aquello del “los ricos también lloran”. Lo más fascinante no es el misterio, sino el subtexto. Michaela (Moore) representa esa nueva santidad moderna: lo sectario del estilo de vida correcto —sin gluten, cruelty-free, compostable y políticamente impecable— como sustituto de la verdadera empatía. Simone, por su parte, quiere una vida que no le pertenece, mientras Devon, ese cable a tierra, carga con una culpa que ni siquiera le pertenece: cuidar al padre con demencia, el mismo que nunca las cuidó. ¿Por qué solidarizarse con un hombre que nunca estuvo allí? ¿Cuál es el sofoque? Ésa es la grieta de toda la serie.  

El personaje de José (Felix Solis), una especie de mayordomo, me parece brillante. El es todos nosotros quien observa a los personajes en su vida superficial y ridícula. Sin azúcar ni carbohidratos.

Con esta propuesta, Sirens se incorpora exitosamente en la camada de miniseries recientes que mezclan drama, crimen, crítica social y belleza visual —junto a The Perfect Couple (Netflix), The Undoing (HBO) y Big Little Lies (HBO Max). Todas ellas tienen en común ese magnetismo por lo bello y lo podrido, por lo elegante y lo corrupto. Si te atrapan las historias donde el peligro no siempre viene con cuchillos, sino con sonrisas perfectas y vestidos blancos impecables, esta es tu próxima obsesión.

Ficha técnica

  • Título: Sirens.
  • Creadora: Molly Smith Metzler.
  • Año: 2025.
  • Plataforma: Netflix.
  • Género: Drama, comedia negra.
  • Episodios: 5
  • Reparto principal: Julianne Moore, Meghann Fahy, Milly Alcock, Kevin Bacon, Glenn Howerton, Bill Camp, Felix Solis.
  • Duración: 45-50 min por episodio.
  • País: Estados Unidos.

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