CRÍTICA – NIETA DE MI ABUELA

Tatiana Fernández Geara regresa al documental con Nieta de mi abuela, su tercer largometraje, y lo hace desde un lugar íntimo. A partir de los archivos personales de su abuela, construye una película que no busca únicamente reconstruir una memoria familiar, sino también comprenderse a sí misma a través de esa herencia emocional y femenina que la precede.

Fernández Geara viene del fotoperiodismo, y eso se siente en su cine. Más que una directora interesada en imponer un discurso, siempre me ha parecido una observadora. Sus películas se acercan a las personas desde una curiosidad cálida, sin estridencias, intentando encontrar humanidad en aquello que retrata. Solo es ella y su cámara. Ya estaba presente en Nana, 2015, donde exploraba esa línea difusa entre el trabajo doméstico y los afectos; y también en Vals de Santo Domingo, 2021, donde estudiaba las estructuras sociales que condicionaban los sueños de tres niños bailarines. En ambos casos había algo constante: una sensibilidad particular hacia quienes buscan refugio o identidad en espacios que muchas veces los limitan.

Tatiana Fernández Geara, fuente: Ricardo Piantini Hazoury, Cinecarmelita.com

En Nieta de mi abuela, esa búsqueda se vuelve personal: entenderse a sí misma a través de la vida de su abuela. La figura central es Teresa Eduvigis Pichardo Hinojosa, una mujer singular para la época que le tocó vivir. Teresa heredó el Cine Carmelita de su madre, Carmela Hinojosa, y se hizo cargo de aquel espacio que operó desde 1930 hasta 1997 en San Francisco de Macorís. Más que un negocio, el cine fue un punto de encuentro emocional para generaciones de espectadores. Allí la película conecta con algo esencial de nuestra cinefilia: tener un cine en una provincia era moldear imaginarios, acercar el mundo a personas que descubrieron allí películas que les cambiaron la vida.

Pero el documental no se queda en el recuento histórico, ni se acerca al tema desde el oficio y la relación con el cine, se trata de las mujeres. Teresa rompió esquemas: se casó joven, como dictaban las normas, pero se divorció y volvió a casarse varias veces, recorrió el mundo, algo atípico para la sociedad dominicana conservadora. Sin proponérselo de manera frontal, Fernández termina acercándose a una conversación muy vigente: las expectativas sociales sobre cómo deben vivirse la pareja, la maternidad y la soledad. Existe esa presión constante de que el único camino correcto es el que otros han decidido por ti.

La inquietud de la directora no nace de la necesidad de explicar, sino de entender. Su abuela, en sus últimos años, insistía en una frase: “No te quedes sola como yo”. Desde ahí emerge una reflexión sobre el miedo social a la soledad. Hay quienes desean la vida tradicional y la construyen felices; otros la buscan y no la alcanzan; y existen quienes simplemente no la quieren. La película entiende esa diferencia sin juzgarla.

Fotograma NIETA DE MI ABUELA, fuente: Trailer.

Aunque utiliza recursos clásicos —entrevistas, cartas, archivos familiares y testimonios de la comunidad—, lo más importante no es la forma, sino la honestidad, acompañada de la sensible musicalización de Laura Pimentel. Incluso el paso del tiempo queda registrado en la propia directora y en el ritmo del proyecto, dando la sensación de una búsqueda que necesitó madurar. El trabajo conecta con lo que plantea Carmen Elena Viveros Celin sobre el uso del archivo familiar: se trata de trasladar a lo público materiales de la esfera íntima para plantear temáticas universales sobre la identidad.

La voz en off de Fernández, las poesías y las cartas con la voz de Lia Briones y los recuerdos envuelven la película en una cotidianidad muy latinoamericana. Crecemos con la idea de que somos el resultado de quienes nos precedieron; escuchamos que repetimos gestos y destinos. Por eso es imposible no pensar en las propias abuelas, en esas figuras femeninas que sobrevivieron como pudieron, tomando decisiones extraordinarias dentro de contextos difíciles. Como señala Viveros Celin, “la memoria individual se apoya en la memoria colectiva”. Fernández habla de su abuela, pero termina activando nuestros propios recuerdos afectivos.

En lo personal, me resultó imposible no emocionarme. Mi abuela materna fue una de las personas más interesantes que he conocido, recordé que ella también tiene una fotografía parecida a la que acompaña el poster de la película, y ahí reside la virtud del filme: convertir lo privado en universal. Tatiana Fernández Geara expone dudas sobre sus convicciones y su futuro con una valentía que no es común, y lo hace frente a la cámara.

Nieta de mi abuela habla de herencias, pero también de algo más complejo: la necesidad de encontrar una forma propia de habitar el mundo. Porque no existe una fórmula correcta para vivir. Hay personas acompañadas que viven profundamente solas y hay quienes encuentran en el silencio un lugar de paz. La película no impone respuestas; acompaña la inquietud con ternura y calidez.

Dentro de la filmografía de Fernández Geara, este me parece un paso natural y sólido. El documental sigue siendo su territorio más orgánico. Su mirada continúa intacta, la curiosidad casi juguetona, pero aquí aparece una exposición emocional mucho más profunda. Termina siendo una carta de amor a las abuelas, a las mujeres de la familia y una declaración frente a las dudas e inquietudes que muchas mujeres compartimos. Y quizás por eso conmueve tanto: porque más allá de los cuestionamientos y la duda, la película termina regalándonos una sensación de libertad, esa que aparece cuando uno deja de justificarse.

Ficha técnica

Título: Nieta de mi abuela

Dirección, producción, dirección de fotografía y sonido directo: Tatiana Fernández Geara.

Producción: Wendy P. Espinal.

Edición: Gina Giudicelli.

Guion: Tatiana Fernández Geara, Gina Giudicelli & Natalia Peralta Rincón.

Asesoría de guion: Dami Sainz Edwards.

Fotografía adicional: Jaime Guerra.

Dirección de arte: Oliver Rivas.

Diseño de sonido: Susan Romero y Victoria Mercedes.

Supervisor de sonido: Homer Mora.

Música: Laura Pimentel.

Voz: Lia Briones.

Consultoría de color: José Eduardo Durán.

Corrección de color: Ana Duarte.

Estudio de postproducción: Pulpo Post.

Diseño gráfico: Máximo del Castillo.

País: República Dominicana.

Género: Documental / Cine autobiográfico / Ensayo documental.

Web: cinecarmelita.com

Referencia: Viveros, Carmen. Hacia una posible cartografía de la memoria audiovisual en Colombia: de los archivos fílmicos familiares al documental subjetivo. En Memorias. Revista Digital de Arqueología e Historia desde el Caribe. N° 29. Universidad del Norte. Barranquilla, 2016.

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