LA SALA, LA EXPERIENCIA Y EL NEGOCIO: EL CASO FINE ARTS NOVO CENTRO

Cuando Caribbean Cinemas anunció hace unos meses que las salas de Fine Arts Novo Centro cerrarían por remodelación, la noticia sorprendió especialmente a quienes somos asiduos a ese cine. No era un cierre cualquiera: se trataba de un espacio que, durante años, estuvo dedicado a películas fuera del esquema comercial masivo, a la ópera —en colaboración con el Met—, a Cinemaforum y a propuestas que apostaban más a la conversación que al ruido de taquilla. Para muchos, la primera reacción fue el temor a una posible desaparición.

Las preguntas surgieron de inmediato: ¿lo van a quitar?, ¿lo van a reducir?, ¿por qué tocar un espacio que ya tenía una identidad tan clara? Yo misma formé parte de esas conversaciones. Y aunque me encanta ese cine —soy, al final, producto de espacios como Cinemaforum, que lleva más de trece años funcionando sin cobro de entrada—, también reconozco algo fundamental: ese Fine Arts creó comunidad. Una comunidad de personas que disfrutan un cine que se aleja del efectismo, que apuesta a miradas distintas y a propuestas que no buscan necesariamente la masificación.

Parte del encanto, al menos para mí, era precisamente que no se trataba de una sala concurrida. Salvo en momentos muy específicos —la temporada de premios, cuando se proyectaban las nominadas al Óscar; el Festival Internacional de Fine Arts, hoy convertido en el Festival de Cine Hecho en RD; o los encuentros de Cinemaforum, con sus proyecciones de clásicos seguidas de conversación—, la mayoría de las funciones se daban con pocas personas en sala. Fuera de esos hitos, era común ver proyecciones prácticamente vacías. Estamos hablando de un cine con cinco salas.

Ante ese escenario surgió la gran pregunta: ¿murió el cine de exhibición independiente? Caribbean Cinemas informó que lo que se hizo fue una reprogramación, una reorientación estratégica de sus salas. Uno de sus cines más exitosos —Downtown Center— contará con una sala exclusiva para las películas Fine Arts y para la ópera, con una cartelera extendida también en Sambil, Plaza 360 y el propio Downtown para las películas dominicanas, entre otras, conforme la afluencia del público. El cine independiente no desaparece: se concentra.

Aquí es importante entender algo básico. A quien le gusta el cine independiente es, por definición, un cinéfilo consagrado. Es alguien que va a buscar ese cine, esté donde esté. Desde una lógica de costo-beneficio, resulta más eficiente concentrar ese flujo específico en una sola sala que mantener cinco operando en rojo con una ocupación mínima. Por más mística que rodee al espacio, Caribbean Cinemas es una estructura de capital, no una ONG cultural.

A Caribbean Cinemas se le atribuyen muchos pecados —algunos con razón, otros no tanto— y yo misma los he señalado en distintos momentos. Pero también hay que reconocer que, dentro de la industria, a muy pocos exhibidores les interesa sostener el cine independiente. Existen casos puntuales, como Cinema Oasis o el cine de Puerto Plata, orientados a una lógica más comunitaria, de la que ya he escrito en otros artículos. No se le puede exigir a una empresa privada que exhiba películas de determinado tipo si estas no generan público suficiente. Al final, exhibirán aquellas que conviene a su modelo de negocio.

La oferta no comercial no empieza ni termina en los centros comerciales. Existe un ecosistema compuesto por la Cinemateca Dominicana, el Centro León (Santiago), los centros culturales de Banreservas y España, y espacios universitarios como Filmena en INTEC, Chavón, UTESA o la UASD. Esta red no solo sostiene la diversidad, sino que garantiza el acceso democrático al cine mediante proyecciones gratuitas. Es ahí donde reside la verdadera resistencia del cine de autor, y no en la rentabilidad de un solo exhibidor privado.

Las cifras de la Dirección General de Cine (DGCINE), con corte a septiembre de 2025, funcionan como un baño de realidad. Fuera del espejismo de la temporada de premios, el cine de autor se mueve en la periferia de la taquilla. Cintas como Strange Darling (1,247 espectadores) o Sing Sing (114 espectadores) evidencian que el interés del público es, en el mejor de los casos, quirúrgico. Incluso títulos con mayor visibilidad crítica, como Anora (3,352 espectadores), confirman una escala reducida. Los datos no opinan: describen.

El cine independiente no está hecho para masificarse. No está pensado para grandes volúmenes de público. Por eso mismo requiere espacios más pequeños, más específicos, y una comprensión clara de su contexto. Y el contexto actual, en 2025, es complejo: una industria en crisis, la consolidación de los grandes estudios, la guerra del streaming, el cambio de paradigma en la asistencia a salas tras la pandemia y la transformación del cine en una experiencia más que en un simple acto de consumo.

Desde esa perspectiva, la decisión de Caribbean Cinemas responde a una estrategia comercial. Hoy, apostar por la experiencia en sala es casi una condición de supervivencia. No se puede hablar de cine sin reconocer que todos tenemos acceso a plataformas digitales, legales o no, pero que ninguno de nosotros tiene en su casa la tecnología necesaria para vivir una película como Avatar tal y como fue concebida.

El apellido premium no es un adorno publicitario, sino un modelo de operación. Implica mejor calidad técnica, mayor comodidad, una logística de acceso más fluida y un entorno que no sabotee la experiencia antes de que la película comience. En ese sentido, Novo Centro ofrece ventajas claras: no está colapsado, permite llegar a una función en horario regular con parqueo disponible y reduce el ruido y el caos que muchas veces expulsan al espectador de la sala incluso antes de sentarse.

Tengo muchas críticas hacia Caribbean Cinemas y las he expresado en distintos espacios. Pero también hay que reconocer que esta remodelación se inscribe en una tendencia observable en la exhibición cinematográfica a nivel internacional. Incluso en Estados Unidos, cadenas como AMC han apostado por salas premium, tecnología avanzada y modelos de membresía que priorizan la experiencia como valor agregado.

La reorientación de Fine Arts no cancela la conversación sobre el cine de autor; la reubica en función de la audiencia real que ha demostrado tener. Como he señalado en otras ocasiones, las políticas culturales —así como las exigencias de diversidad y balance en la exhibición— corresponden al Estado y deben articularse a través de sus instituciones públicas. En este caso, se trata de una decisión empresarial tomada conforme a datos de asistencia verificables y alineada con una transición que atraviesa la exhibición cinematográfica a nivel global.

Información sobre la nueva experiencia

Caribbean Cinemas VIP Novo-centro contará con una sala Altice 3D, sistema de proyección y sonido de última generación y tandas lunes a viernes desde las 4:00 de la tarde, fines de semana y días feriados desde las 3:00 de la tarde. Estará disponible al publico con el estreno de AVATAR, fuego y cenizas, este jueves 18 de diciembre de 2025. Para horarios y preventa de boletas consultar www.caribbbeancinemas.com

Fotos: Dahiana Acosta en una visita a las nuevas instalaciones.

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