Cada vez que se anuncia una película sobre una figura como Michael Jackson, la pregunta llega antes que el filme: ¿cómo se cuenta una vida así? ¿Cómo se entra en una historia rodeada de tanta luz y, al mismo tiempo, atravesada por tantas sombras?
Michael , de Antoine Fuqua, no intenta resolver ese dilema desde la investigación ni desde la confrontación directa. La película toma una decisión clara: no es una disección oscura del personaje, sino una celebración de su genio, de su disciplina, de su herida y de la magnitud de su impacto cultural.
Hay que entenderlo desde el inicio: quien busque una obra centrada en las controversias más duras, probablemente la encuentre insuficiente; considerando, además, que todo lo negativo se ha dicho durante más de cuarenta años. Pero quien entre a verla como una reconstrucción del artista —del niño prodigio, del cuerpo entrenado hasta el límite, del creador obsesionado con la perfección— encontrará una experiencia poderosa.
La película recorre su vida desde la agrupación infantil The Jackson 5 hasta su consolidación como solista, pasando por etapas esenciales como Off the Wall (1979), Thriller (1982) y Bad (1987). No pretende abarcarlo todo. Su interés está en mostrar cómo Michael fue construyéndose a través de la música y el escenario.
Uno de los grandes aciertos está en Juliano Krue Valdi como el Michael niño. Su presencia tiene una mezcla de dulzura y tristeza contenida. A través de él, la película plantea una de sus ideas más dolorosas: los niños artistas muchas veces terminan ejecutando los sueños de los adultos. En este caso, los de Joe Jackson. Michael empezó a trabajar desde los 5 años, los ensayos rigurosos y la violencia ejercida por su padre, le robaron su infancia y se pasó la vida queriendo reconstruirla. En esta etapa la película introduce guiños que pueden explicar algunas cosas de su personalidad, la extrema timidez, no mirar directamente, su relación con la comida, por citar algunos.

Colman Domingo interpreta a Joe como una presencia dura, casi siempre al borde de la violencia. En otros biopics recientes se ha criticado la necesidad de elegir un villano claro, como si la tragedia de una estrella pudiera explicarse por una sola figura. Aquí, en cambio, Joe aparece como un antagonista que ya estaba instalado en el imaginario público: el padre que convirtió el talento de sus hijos en una empresa familiar e incapaz de mirarlos fuera de su utilidad sobre un escenario. Un villano con todas sus letras.
Sabemos el impacto que tuvo Joe. Michael habló muchas veces de una infancia robada, de una vida sin espacio para el juego o el error. Ese hueco es una de las claves para entender la película: Michael parece avanzar hacia la adultez como estrella, pero emocionalmente queda atado a algo que nunca pudo vivir. Por otro lado, la relación con Katherine Jackson (Nia Long) aparece como el contrapunto: una madre bajo la sombra de un hombre abusivo, con un margen limitado para proteger a sus hijos.

Luego viene el otro nacimiento: el de Michael como autor de sí mismo. Me interesa mucho cuando el cine se acerca a un artista a través de sus procesos; no solo de los titulares, sino de cómo trabaja, escucha y decide. Aquí vemos cómo la disciplina férrea de su padre moldeó una ética de trabajo casi inhumana, pero también cómo Michael encontró su propio lenguaje y su manera de pensar el disco como una arquitectura completa.
Desde ahí se entiende al Michael adulto: su necesidad de reafirmarse, su búsqueda constante de perfección y esa relación tan compleja con su propia imagen. La película toca con sutileza el vitiligo, las transformaciones físicas y el accidente de Pepsi, no como datos sensacionalistas, sino como grietas que ayudan a comprender el dolor detrás del mito. Un hombre que, para sobrevivir, tuvo que construirse un mundo interior y reafirmarse positivamente.
Canciones como “Man in the Mirror” aparecen entonces como un claro ejercicio de esa voluntad: la búsqueda de una identidad propia y la convicción de que el cambio empieza en el reflejo del espejo. Es como si el artista más grande del mundo todavía estuviera intentando convencerse de que tenía derecho a existir.

Jaafar Jackson carga con el peso más difícil y lo logra. No solo por el parecido físico o el impresionante trabajo de caracterización —que evita sentirse como un disfraz—, sino porque habita el cuerpo de Michael desde el gesto: la inclinación de la cabeza, la fragilidad de la mirada, el baile y, sobre todo, la voz. Hay momentos en los que uno deja de ver al actor y siente que está viendo a Michael ; es ahí donde la película pasa de ser una historia a convertirse en una experiencia total. Como espectador abandonamos cualquier pretensión y nos rendimos ante una aparición milagrosa.
Antoine Fuqua, que viene del mundo del videoclip y trabajó con figuras como Prince o Stevie Wonder, entiende algo fundamental: para Michael Jackson, una canción nunca era solo una canción. Era una escena, una historia, una coreografía destinada a la memoria colectiva. Michael era un storyteller: contaba historias con el cuerpo, con el silencio antes del movimiento, con la pausa antes del estallido. Billie Jean, Thriller o Beat It no aparecen solo como éxitos, sino como momentos donde el artista termina de inventarse a sí mismo.
Por supuesto, Michael tiene los límites de una película autorizada. Se siente la intención de proteger cierta imagen, pero esa mirada oficial no elimina del todo las grietas. La película también toca su conexión con los niños, uno de los temas más delicados. No entra en el terreno oscuro de las acusaciones, pero intenta construir una explicación emocional: Michael como alguien que quizás nunca terminó de verse como adulto y encontraba en la infancia un mundo perdido. Es una lectura desde la herida, no desde el expediente.
Por eso entiendo la distancia de la crítica, pero también la reacción del público, que aquí es lo más importante. Es un filme para ellos. Hay algo profundamente emotivo en ver a la gente recordar MTV, recrear las coreografías y la manera en que Michael cambió la cultura pop para siempre. No es la película definitiva —tal vez ninguna pueda serlo—, pero como reconstrucción emocional de su genio, funciona.
Michael Jackson merecía que su historia se contara desde la música y el rigor del escenario. Desde la inmensidad de su talento. Al menos aquí, esa magia aparece para recordar por qué, incluso después de todo, su figura sigue siendo imposible de superar. Esta película es una celebración.
Ficha técnica
Título original: Michael
- Año: 2026
- País: Estados Unidos
- Idioma: Inglés
- Género: Drama biográfico / musical
- Dirección: Antoine Fuqua
- Guion: John Logan
- Producción: Graham King, John Branca y John McClain
- Casa productora: Lionsgate Films, GK Films, Optimum Productions
- Distribución: Lionsgate Films — Estados Unidos; Universal Pictures — mercados internacionales
- Fotografía: Dion Beebe
- Diseño de producción: Barbara Ling
- Diseño de vestuario: Marci Rodgers
- Música: Lior Rosner
- Edición: John Ottman, Harry Yoon, Conrad Buff IV y Tom Cross
- Duración: 127 minutos
- Estreno mundial: 10 de abril de 2026, Berlín
- Estreno comercial: 24 de abril de 2026, Estados Unidos
- Clasificación: PG
Reparto principal
- Jaafar Jackson — Michael Jackson
- Juliano Krue Valdi — Michael Jackson niño
- Colman Domingo — Joe Jackson
- Nia Long — Katherine Jackson
- Miles Teller — John Branca
- KeiLyn Durrel Jones — Bill Bray
- Laura Harrier — Suzanne de Passe
- Jessica Sula — La Toya Jackson
- Mike Myers — John Reid
Sinopsis breve
Michael reconstruye el ascenso artístico de Michael Jackson desde sus años como niño prodigio en The Jackson 5 hasta su consolidación como figura central de la música pop mundial, atravesando etapas fundamentales como Off the Wall, Thriller y Bad. La película se enfoca en su disciplina, su relación familiar, sus procesos creativos y la construcción de una identidad escénica que transformó la música, el videoclip y el espectáculo contemporáneo.

Productora y conductora del podcast Cinependiente RD.
Miembro fundador de ADOPRESCI.
Dahiana Acosta, forma parte del Colectivo Artístico Cinependiente desde el año 2015, ha sido la productora y editora del programa radial Cineasta Radio (2017-2021) y ahora, del Podcast Cinependiente y editora de su página web. Desde el 2019, es miembro de la ASOCIACIÓN DOMINICANA DE PRENSA y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA, ADOPRESCI y actualmente es su presidente. Además, coordina junto a Cinemateca Dominicana la programación del Cinefórums que modera ADOPRESCI y participa en el programa radial “12 y 2”, en su segmento de cine de cada jueves. También, ha sido Jurado de la Semana + Corta, Festival Internacional de Cine LGBT+, Santo Domingo OutFest, Festival de Cine Fine Arts,entre otros y ha dado cobertura a los festivales internacionales: Miami Film Festival y New York Film Festival.
Dahianaacostag | Dahianaacosta12 | CinependienteRD






