Bōru, dirigido por Ronny A. Sosa, vuelve sobre la memoria de la migración japonesa a Dajabón, explorando el origen de esa comunidad y el impacto generacional de un vínculo que une a Japón y República Dominicana hasta el día de hoy. Sosa, quien ya había trabajado el documental en Nuestra Tierra (2025), se acerca aquí a una historia marcada por el desarraigo, el recuerdo y unos lazos culturales que todavía persisten y se transforman.
Este documental muestra una historia pocas veces explorada. Sabíamos de la existencia de esa comunidad, pero no necesariamente conocíamos el alcance de su crecimiento ni cómo continúa impactando a ambos países.

La narrativa arranca desde nuestra pasión más internacional: la pelota. De ahí se desprende el título del filme, Bōru —del inglés ball al japonés—, planteando un paralelismo muy interesante. República Dominicana posee una capacidad inagotable para producir atletas de alto rendimiento cuyo talento es profundamente apreciado en países tan lejanos como Japón. En ese viaje, el director no solo examina el rigor del entrenamiento deportivo, sino también la inmersión de los peloteros dominicanos en una cultura y un idioma ajenos, para que ese proceso de adaptación no resulte tan traumático.

Aunque la película documenta cómo se formó la comunidad japonesa en Dajabón, al final siento que habla de algo mucho más amplio. Bōru habla de una semilla que fue sembrada lejos de su tierra de origen y que, con el paso del tiempo, empezó a crecer en otro suelo. Esa comunidad no se quedó suspendida en la nostalgia de lo que dejó atrás; echó raíces, se mezcló con la vida dominicana y produjo algo nuevo: una identidad nikkei.
Ahí es donde Bōru revela lo esencial del trabajo: la identidad como fruto de una convivencia que ha pasado de una generación a otra. No se trata solo de mirar lo japonés y lo dominicano como dos mundos distintos, sino de observar qué nace cuando esas dos historias se cruzan durante generaciones. Ese fruto no pertenece del todo a un solo lugar. Tiene algo de aquí y algo de allá. Y por eso mismo carga con una pregunta que atraviesa todo el documental: ¿de dónde soy cuando mi origen está hecho de más de una tierra?
Visualmente, Bōru acompaña esa idea de puente cultural sin subrayarla demasiado. La película se mueve entre espacios, rostros y memorias, dejando que el contraste entre República Dominicana y Japón aparezca más en los gestos cotidianos que en grandes explicaciones. Hay una intención clara de observar cómo se habitan esos dos mundos: el lugar donde se sembró la raíz y el lugar al que algunos descendientes han vuelto buscando otra forma de pertenencia.
Hay algo muy particular en la manera en que los japoneses y sus descendientes hablan de República Dominicana. Uno siente una especie de lealtad hacia este país. No necesariamente una lealtad solemne, sino una gratitud profunda, casi íntima, hacia el lugar donde pudieron construir una vida, formar una familia y dejar descendencia. Incluso cuando aparecen las dificultades propias de cualquier proceso migratorio, hay un cuidado en la forma de hablar, como si existiera un compromiso afectivo con esta tierra.
Por eso, más que insistir en las diferencias culturales, el documental termina acercándose a una experiencia emocional: la de quienes tienen que pensar y buscar una respuesta cuando se les pregunta de dónde son. Porque esa respuesta no siempre cabe en una nacionalidad ni en una sola memoria.
En ese contraste, Bōru resalta la herencia japonesa y su disciplina, pero también redescubre zonas de la dominicanidad que muchas veces pasamos por alto. Frente a las asperezas de la cotidianidad, Sosa prefiere posar la mirada en la calidez: esa pulsión tan nuestra de buscar la cercanía, de hacer sentir bienvenido al otro y ofrecer una hospitalidad casi instintiva y, por momentos, invasiva.
Esa manera de relacionarnos adquiere una cualidad muy interesante cuando el relato se traslada a los descendientes que ahora hacen vida en Japón. Al hablar de lo que extrañan de República Dominicana, terminan hablando de la gente. De cómo nos relacionamos. De esa cercanía que aquí muchas veces damos por sentada. Extrañan ese ruido cálido que tenemos los dominicanos. La presencia constante de los demás. La manera de convertir cualquier espacio en un lugar acompañado. Más allá de la comida, de los paisajes o de las costumbres, lo que aparece una y otra vez es el valor de los vínculos humanos.
Quizás por eso Bōru me llega de una forma particular en este momento. En días en los que ser dominicano parece costar tanto y en los que hablamos demasiado de una cotidianidad ruidosa y tóxica, encontrarse con una película como esta resulta reconfortante. Porque, al final, termina recordándonos algo muy sencillo: que también hay cosas que hacemos bien. Y que, muchas veces, son precisamente esas las que más extrañamos cuando estamos lejos. Nuestra gente, nuestras risas; en fin, nosotros.
En la sexta edición del Festival de Cine Fine Arts Hecho en RD, Bōru, de Ronny A. Sosa, obtuvo el premio a Mejor Documental.
Ficha técnica
Título: Bōru (Boru, Yakyu, Pelota).
Año: 2026.
País: República Dominicana.
Género: Documental.
Dirección y guion: Ronny A. Sosa.
Duración: 90 minutos
Productores: Ronny A. Sosa y Julio Grisanty.
Fotografía: Raynnier Gómez.
Música original de Elvyn Peguero.
Participantes: Yoko Nishio, Prof. Juan Zapata, Fumie Hiromitsu Román, Misuteru Nishio, Mabely Jiménez, Kenzo Yamamoto, Fanny Rojas, Eiji Tanioka, Marilyn Soledad de Hiromitsu y Masami Hiromitsu, entre otros.
Sinopsis: La película, hablada en español y japonés, explora los vínculos culturales e históricos entre República Dominicana y Japón a través de la migración, el béisbol, la identidad, la memoria y la pertenencia.

Productora y conductora del podcast Cinependiente RD.
Miembro fundador de ADOPRESCI.
Dahiana Acosta, forma parte del Colectivo Artístico Cinependiente desde el año 2015, ha sido la productora y editora del programa radial Cineasta Radio (2017-2021) y ahora, del Podcast Cinependiente y editora de su página web. Desde el 2019, es miembro de la ASOCIACIÓN DOMINICANA DE PRENSA y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA, ADOPRESCI y actualmente es su presidente. Además, coordina junto a Cinemateca Dominicana la programación del Cinefórums que modera ADOPRESCI y participa en el programa radial “12 y 2”, en su segmento de cine de cada jueves. También, ha sido Jurado de la Semana + Corta, Festival Internacional de Cine LGBT+, Santo Domingo OutFest, Festival de Cine Fine Arts,entre otros y ha dado cobertura a los festivales internacionales: Miami Film Festival y New York Film Festival.
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