CRÍTICA – FESTIVAL DE CINE FINE ARTS HECHO EN RD – BAJO EL MISMO SOL

Después de Carajita (2021), una de las películas dominicanas más interesantes de los últimos años, Ulises Porra regresa con una propuesta completamente distinta. Si aquella película observaba, junto a Silvina Schnicer, una realidad muy presente en nuestra sociedad a través de la relación entre una familia y la trabajadora doméstica que forma parte de ella, Bajo el mismo sol vuelve a interesarse por las relaciones de poder, pero esta vez desde un período muy distinto de nuestra historia.

La película está ambientada en 1819, durante la España Boba, una etapa que hoy escuchamos más en los libros de historia que en cualquier otro lugar. Allí conocemos a Lázaro (David Castillo), un joven español que llega a la isla de La Española para reunirse con su padre y poner en marcha un proyecto tan ambicioso como improbable: producir seda en el Caribe utilizando gusanos traídos desde Asia. Junto a él viaja Mei (Valentina Shen Wu), encargada de cuidar los gusanos que harán posible la empresa. En la propiedad también vive Baptiste (Jean Jean), un trabajador haitiano cuya presencia terminará marcando la dinámica entre los tres personajes.

Lo primero que pensé viendo la película fue en el riesgo que asumía Ulises Porra. No solo por situar la historia en un período histórico poco explorado por el cine dominicano, sino porque tiene muchos elementos que podrían jugar en su contra. Es una película con pocos diálogos, ambientada en una época con la que la mayoría de nosotros no tiene una relación directa y construida alrededor de un proyecto que, dicho así, no parece particularmente emocionante: intentar producir seda en medio del Caribe.

Y, sin embargo, funciona. La película nunca está realmente interesada en la seda. Si pudiéramos decir que Bajo el mismo sol habla de algo, yo diría que habla de los sueños imposibles. De las utopías. De esos proyectos que parecen capaces de cambiar una vida y que, al enfrentarse con la realidad, terminan revelando quiénes son las personas que los persiguen. La película habla de la ambición, de lo que somos capaces de hacer para alcanzar aquello que deseamos y de cómo ese mismo impulso puede empujarnos tanto a la construcción como a la destrucción.

Fotograma de Bajo el Mismo Sol, David Castillo y Valentina Shen Wu.

También habla del amor. Y de las relaciones de poder. Porque más allá del proyecto de la seda, lo que realmente observamos son personas intentando encontrar su lugar dentro de una estructura social marcada por diferencias culturales, económicas y raciales.

Lázaro ocupa el centro de la historia, sentí que David Castillo no siempre alcanza la contundencia que exige el personaje. Sin embargo, la película encuentra un equilibrio gracias a la fuerza de Mei y Baptiste, dos personajes que terminan sosteniendo gran parte de su peso emocional.

Valentina Shen Wu es, para mí, una auténtica revelación. Hay actores que dominan la técnica y hay otros que poseen algo mucho más difícil de explicar. Una presencia que la cámara reconoce inmediatamente. Algo que no se puede enseñar. Algo que, si pudiera comprarse, mucha gente lo daría todo por tener.

Mei tiene la responsabilidad de hacer posible el proyecto de la seda y, aun así, gran parte de lo que transmite ocurre sin palabras. A través de pequeños gestos y miradas, Valentina construye un personaje que al inicio parece completamente cerrado sobre sí mismo, pero que poco a poco deja ver una enorme sensibilidad. Lograr esa transformación en una película tan contenida tiene muchísimo valor.

Jean Jean, por su parte, construye uno de los personajes más sólidos de la película. Lo que más me impresionó de Baptiste fue la dignidad con la que atraviesa toda la historia. Vive dentro de una estructura que constantemente intenta definirlo por su posición social, pero nunca permite que esa posición determine quién es. Hay una entereza permanente en el personaje. Una resistencia silenciosa que se mantiene incluso cuando las circunstancias juegan en su contra. Siempre camina con la frente en alto. Y esa dignidad termina convirtiéndose en una de las fuerzas emocionales más importantes de la película.

La convivencia entre Lázaro, Mei y Baptiste permite que afloren distintas formas de poder. El poder económico, religioso y las jerarquías que organizaban aquella sociedad aparecen constantemente sorteando las relaciones entre los personajes. La Iglesia también ocupa un lugar importante dentro de ese entramado de influencias y privilegios.

Resulta interesante observar una isla marcada por la pobreza, donde el dinero parece importante, pero que tampoco resuelve demasiado. Existen diferencias evidentes entre quienes tienen poder y quienes no, pero todos parecen igualmente expuestos a las dificultades de un entorno que termina imponiéndose sobre ellos.

Y es precisamente ahí donde aparece uno de los mayores logros de la película. La espectacularidad del paisaje y su dificultad terminan convirtiéndose en otro personaje. En lugar de apoyarse en grandes reconstrucciones históricas, vestuarios llamativos o escenarios diseñados para impresionar al espectador, Ulises Porra apuesta por algo mucho más difícil. Convierte la naturaleza en el centro de la puesta en escena. La vegetación, las montañas, la humedad y el aislamiento terminan teniendo una presencia constante en la narración.

Los amplios planos generales nos recuerdan una y otra vez lo pequeño que resulta el ser humano frente a todo eso. Y ahí radica uno de los mayores méritos de la dirección. Dominar esos espacios inhóspitos y lograr que todo se sienta auténtico no es una tarea sencilla. Nunca tuve la sensación de estar viendo una reconstrucción artificial. Los personajes parecen pertenecer realmente a ese mundo.

El diseño sonoro contribuye enormemente a esa sensación. Los sonidos de la noche, de los insectos, del viento y de la vegetación acompañan constantemente a los personajes. Hay momentos en los que el paisaje sonoro adquiere incluso una dimensión espiritual. Todo funciona como una extensión de la historia y permite que el espectador comparta la intimidad de quienes habitan ese espacio.

Bajo el mismo sol toma un período histórico muy poco transitado por nuestro cine y lo utiliza para hablar de emociones y conflictos que siguen siendo reconocibles hoy. La corrupción, la envidia, el amor, el odio, el prejuicio, la ambición y la dignidad atraviesan la película de principio a fin.

Por eso, más allá de la España Boba, de la seda o de las diferencias culturales entre sus personajes, terminé viendo algo mucho más cercano. Porque debajo del sol todos somos lo mismo.

No importa el lugar que nos haya tocado ocupar, la época en que nos haya tocado vivir o la posición desde la que observemos el mundo. Los seres humanos seguimos enfrentándonos a las mismas disyuntivas, cargamos con las mismas contradicciones y perseguimos, con mayor o menor fortuna, los mismos sueños.

Y es ahí donde Bajo el mismo sol encuentra su verdadera fuerza.

Durante la sexta edición del Festival de Cine Fine Arts Hecho en RD, Bajo el mismo sol obtuvo tres reconocimientos: Mejor Dirección para Ulises Porra, Mejor Actriz Secundaria para Valentina Shen Wu y Mejor Actor Secundario para Jean Jean. La película formó parte de la selección oficial del festival, celebrado del 28 de mayo al 3 de junio de 2026 en Santo Domingo

Ficha técnica

Título: Bajo el mismo sol
Dirección: Ulises Porra
Guion: Ulises Porra, Ulla Prida
Producción: Ulises Porra, Ulla Prida, Alexandra Santana
Fotografía: Sebastian Cabrera Chelin
Música: Josefina Barreix
Edición: Carlos Cañas Carreira, Gina Giudicelli, Ulises Porra
Diseño de producción: Mónica De Moya
Diseño de vestuario: Natalia Aponte
Diseño sonoro: Nahuel Palenque
Reparto: David Castillo, Valentina Shen Wu, Jean Jean, Víctor Ramírez, Toni Regueiro, Augustin Rousseau, Cecile van Welie, Danny Radhames Vásquez Castillo
Países: República Dominicana, España, Argentina
Idiomas: Español, mandarín, francés
Duración: 103 minutos
Año: 2025

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