CRÍTICA – TÓTEM

Hay películas que se sostienen desde lo íntimo, desde esa zona donde lo doméstico se vuelve un ritual de resistencia. Tótem, de Lila Avilés, se construye alrededor de un cumpleaños que en realidad es una despedida. La fiesta que organiza la familia es la celebración de un padre en cuidados paliativos, consciente de que esta reunión es su último acto de presencia.

Fotograma de “Tótem”, fuente: Google.

La tragedia de la enfermedad atraviesa todo, pero Avilés elige un punto de vista que lo transforma: la mirada Sol, Naíma Sentíes, confundida ante lo que ocurre y, al mismo tiempo, llena de un pragmatismo luminoso. Si el bizcocho se quema, simplemente hay que hacer otro. Qué privilegio es poder ver el mundo a través de los ojos de los niños, sin prejuicios ni ataduras, mientras los adultos se desmoronan intentando sostener la normalidad. La vida que ella conoce hasta ese momento esta por cambiar y sin saberlo, esta viviendo los momentos que la acompañaran por siempre.

El film se convierte en una manifestación desesperada de amor frente a una enfermedad implacable. Los esfuerzos por mantener el ritual de la fiesta —reunir a los amigos, decorar la casa, llenar el espacio de risas— son una forma de esquivar al “elefante sentado en la sala”: la certeza de la muerte. Ese a pesar de todo impregna la historia. Cada gesto cotidiano, cada platillo que se prepara, cada juego de los niños funciona como un refugio para no mirar de frente la sombra de la parca que se aproxima.

Los adultos, marcados además por el recuerdo del fallecimiento de la madre, lidian con el peso de volver a atravesar el mismo dolor. Sin embargo, permanecen al pie del cañón, rodeando al enfermo de cariño y  en ese simulacro de normalidad. Tótem es un cine hecho con el corazón: la cámara se mueve con una cercanía que nunca se siente invasiva, sino profundamente empática, como si el lente mismo abrazara a sus personajes.

Tótem utiliza la orquestación cinematográfica —su ritmo, sus encuadres, la respiración íntima de la cámara— para sentar al espectador en esa sala familiar, como un invitado más que aguarda el gran momento de compartir con el festejado y decirle todo lo que siente. Es una historia de amor universal, donde los instantes creados en el presente se convierten en compañía para la soledad del futuro.

Ante el aluvión del cine hollywoodense, solemos pasar por alto lo que sucede en las cinematografías latinoamericanas, donde cada año emergen obras que dialogan con nuestras realidades desde una sensibilidad distinta. Por eso emprendí un repaso de los ganadores del Premio Ariel de México entre 2021 y 2024, como una forma de mirar hacia dentro y reconocer las películas que, más allá de la maquinaria industrial, han marcado el pulso creativo de la región. Esta reseña de Tótem es parte de ese recorrido.

El recorrido de Tótem

La película tuvo su estreno mundial en la Berlinale 2023, donde fue recibida con críticas entusiastas. Desde entonces, ha recorrido festivales como Karlovy Vary, San Sebastián, Lima y Hong Kong. Fue la elegida para representar a México en los Premios Oscar y llegó a la lista corta de Mejor Película Internacional. En 2024, arrasó en los Premios Ariel, donde obtuvo Mejor Película, Dirección y Guion Original.

FICHA TÉCNICA

  • Título: Tótem
  • Dirección y guion: Lila Avilés
  • Reparto: Naíma Sentíes, Montserrat Marañón, Marisol Gasé, Saori Gurza, entre otros
  • País: México, Dinamarca, Francia
  • Año: 2023

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