CRÍTICA – EL DÍA DE LA TORMENTA

El día de la tormenta se inscribe en la emergente corriente del folk terror dentro del cine, donde las leyendas sincréticas forman el corazón narrativo. La película rescata el mito popular sobre la figura de la bruja, y la tragedia rural para explorarlos sin recurrir al susto fácil. El hermoso paisaje campestre y aislado, es un personaje más, también, el escenario perfecto para enmarcar la inmensa soledad y silencio en el que vive Macario (Gerardo ‘el Cuervo’ Mercedes), preso de una culpa casi física. Es ese remordimiento, más que el amor, lo que lo impulsa a internarse en el bosque con su hija: un refugio construido por temor al rumor, no por deseo de cobijo.

En la costumbre popular dominicana, la figura de la bruja, es ese ser que luego de entregarse al servicio del mal, se desprenden de su propia piel para alzar el vuelo convertida en un ave rapaz, que prefiere por presa niños inocentes. En El día de la tormenta, Alexander Viola recupera este mito ancestral al sugerir en cada susurro y cada sombra la posibilidad de que la niña sea más que una víctima: una encarnación moderna de aquel miedo arcaico que aún palpita en nuestros campos.

 Macario carga con una distancia imposible de salvar: su hija existe en su vida sólo como un lazo biológico, nunca como un sujeto digno de su mirada o de su voz. Más que el instinto de protegerla, pesa en él la vergüenza y el miedo al señalamiento de “tener una bruja” en casa. ¿A quién está realmente protegiendo? ¿De la ira del pueblo o de sí mismo? Esa ambigüedad revela que, en el fondo, duda de su propia sangre: la silencia, la reduce a un objeto de sospecha, y en cada plano aparece desplazado, como si la niña fuese un fantasma al que no alcanza a sentir ni comprender.

Fotograma de “El Día de la tormenta” Macario (Gerardo ‘el Cuervo’ Mercedes).

Tal vez sin proponérselo, Viola convierte en Macario un espejo de la situación de la mujer en nuestra sociedad: un espacio donde, a pesar de los vínculos biológicos o legales, siempre salimos perdiendo. La hija, privada de nombre y de voz, se convierte en víctima de un sistema que la aparta por miedo y vergüenza colectivos. Al apartarla en el bosque, Macario no la ampara, sino que la expone a un exilio silencioso, revelando cómo el juicio social destierra primero a las que considera “otras”. Esa metáfora duele: no importa el intento de protección, las mujeres seguimos pagando el precio de culpas ajenas, aisladas y silenciadas incluso por quienes deberían cuidarnos.

El día de la tormenta eleva el discurso del terror dominicano, alejándose del efectismo y los risibles efectos especiales para concentrarse en la esencia del mito, y se apoya en la confrontación entre superstición y cordura, priorizando el suspense sobre lo sangriento y oscuro. La atmosfera envolvente y la musicalidad aterradora – excesiva por momentos – hacen de esta experiencia de 85 minutos, un viaje interesante a nuestros campos y nuestro folclor. Un crossover interesante en el metaverso de las Mentes Fritas.

Nuestro cine ha tenido películas sobre este tema, aunque es un género que le ha costado producir trabajos destacables, como el paradigmático caso de Andrea, Rogert Bencosme, 2005,  pudiéramos resaltar La bruja, de Ronny Sosa, 2021, que evidencia más una tendencia hollywoodense del terror, con efectos y coralidad de personajes, pero que representa con dignidad el mito de la bruja dominicana. En el día de la tormenta, hay mucha luz, a pesar de la oscuridad en la que viven esos personajes, como pasa por ejemplo en Midsommar (2019), de Ari Aster.

 Ficha técnica

  • Título original: El día de la tormenta.
  • Dirección: Alexander Viola.
  • Guion: Alexander Viola, Cristian Mojica.
  • Fotografía: Karol González.
  • Música: Andrés Rodríguez.
  • Montaje: Ramón A. Peña, Juan A. Bisonó.
  • Reparto: Gerardo “El Cuervo” Mercedes; Franchesca Mateo García; Miguel Lendor “Papachín”; Isabel Spencer.
  • Producción: Mentes Fritas Producciones.
  • País: República Dominicana.
  • Año: 2024.
  • Duración: 85 min.

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