SEIS PUERTAS, UN MISMO CLÓSET: CRÓNICA DE POR LOS SECRETOS

Si el espejo te mostrara como sos
De la risa se te iría el almidón
Pues debajo de la máscara social
Hallarías la niña que conocí

Si el Espejo Te Mostrara Como Sos – Canción de Facundo Cabral ‧ 1971

Este pasado agosto, Microteatro agotó la temporada Por los secretos, con la dramaturgia y dirección de Ismael Almonte: seis obras reunidas bajo un título que promete revelaciones. Vamos abriendo ese clóset, entrando a esa casa, enterándonos del vía crucis de cada uno de estos personajes. Sin embargo, más allá del morbo o la curiosidad, esta temporada entrega otra cosa: la revelación del peso de todo lo que hay que fingir para sobrevivir en una sociedad como la nuestra, caracterizada por la hipocresía, la intromisión y la doble moral.

El microteatro es la cita obligada cuando viene alguien que no vive en la ciudad. En esos afanes, llegué a esta temporada con un grupo de amigas; solo quedaban entradas para Malas madres. Siempre es una aventura ver con qué propuesta nos vamos a encontrar en la sala.  

Interpretada por Greimy Menéndez y Cheily Cruz, Malas madres aborda el agotamiento emocional, ese molde apretado que la sociedad impone sobre cómo deben desenvolverse las madres, con expectativas sencillamente imposibles de cumplir. Ambas actrices  se encuentran en un espacio dispuesto para el desahogo, pues decir lo que sienten es un privilegio al que no tienen acceso. Menéndez y Cruz encarnan a estas madres, frustradas, cansadas y agobiadas, que,  al final, colocan en perspectiva a  todos los hijos  presentes en la sala: salimos de allí con una punzada de culpa, mientras las madres del público añoran tener esa misma zona segura para expresarlo todo.

En Dios te salve, María, un monólogo de Heidy Brown, la protagonista comienza como si estuviera en un programa de cocina, preparando una receta. Pero al final, ella ni cocina, ni sabe la receta, ni le importan los programas: la dinámica es el vehículo para contarnos la historia de alguien atrapado en una situación de la cual no podrá escapar. En su relato —sostenido por una interpretación cargada de sutilezas— queda muy claramente identificada la frustración de estar secuestrada dentro del sistema legal y familiar, ese mismo que permite que sigamos leyendo titulares tan alarmantes. Es la radiografía del círculo de apoyo que siempre aboga por que las relaciones nunca se terminen, escudándose en “él es bueno”, porque “siempre te mantiene”, porque “tienes dos hijos”, porque “¿para dónde tú vas?”. Creo que, en el contexto de esta sociedad, la premisa de que la mujer debe edificar su hogar resulta, muchas veces, letal.

Punto ciego, interpretada por la dupla de Camila Santana y Yelidá Díaz, nos presenta a dos “aves de paso” —como las que canta Sabina— cuyo vuelo esconde un futuro roto en pedazos: la infancia vulnerable, la ausencia de padres responsables y el abandono institucional hacia una niña. Resulta sobrecogedor escuchar el relato de los abusos a los que se enfrentaron y la frágil ilusión de escapar de ello. La misma sociedad que permitió que todo ocurriera exige después lo que nunca garantizó para permitir romper ese bucle. Esta pieza posee el montaje más complejo de la temporada: una rigurosa coreografía de luces y una danza entre dos actrices que encarnan las distintas etapas de una infancia vulnerada. El público quedó en shock, visiblemente conmovido por la dureza del tema y la precisión de la puesta en escena.

En Un matrimonio lavanda, los secretos se vuelven explícitos. Interpretada por Héctor Adriel y Mary Gaby Aguilera, la propuesta sugiere inicialmente una comedia, pero la realidad en escena es otra. Aunque asoman destellos de humor, la risa que provoca es nerviosa: los personajes están construidos con tal intensidad que la tensión traspasa al público. Resulta fascinante el conflicto entre esta pareja a punto de casarse para “salir a la luz”. Aguilera encarna la duda y la revelación de no poder continuar con una vida fingida, sirviendo de fachada para que él cumpla el rol social exigido: asumir las riendas de la empresa familiar sin desafiar los prejuicios sobre su orientación sexual. La obra expone la frustración ante las expectativas impuestas y el peso de las apariencias.

En El amor es una droga, Erni Coronado y Shanisse Rojas nos introducen en una habitación de pareja al ritmo de “You Know I’m No Good” de Amy Winehouse. La canción sintetiza el conflicto: dos personas adictas, dos vidas truncadas que se atraen mutuamente hacia la destrucción. Las actuaciones logran un equilibrio notable en una de las piezas más breves y complejas de la propuesta. La obra se siente como una bofetada: transcurre con rapidez vertiginosa y deja en el espectador la sensación de que estamos huyendo de un incendio.

Finalmente, Infiel por una causa, con Cheddy García y Erlyn Saúl, reúne a una actriz de amplia trayectoria con un joven talento. García despliega en escena el total dominio de un repentismo natural para interpretar a una mujer abandonada y agotada por la rutina, a la que su marido solo la busca para preguntarle por una camisa. Ante la tentación, el personaje de Saúl baila al compás de su coprotagonista y entrega con picardía el mensaje central: antes que cualquier rol social, ella es una mujer. El público conectó de inmediato con el humor y la dinámica de esta pareja desigual.

Por los secretos termina siendo un espejo incómodo. Bajo el disfraz del romance, la comedia de repentismo o el drama doméstico, cada obra desnudó la pesada arquitectura de las apariencias. En esta temporada, ese peso recae de manera casi sistemática sobre el cuerpo de la mujer: la que aguanta, la que calla, la que finge, la que decide dejar de hacerlo o la que nunca podrá salir de ese círculo. La propuesta de Ismael Almonte nos obliga a confrontar nuestras propias hipocresías y a preguntarnos: si nos desprendemos de las apariencias, ¿qué mostrará el espejo? Descubrir esa respuesta en un formato habitualmente reservado para la risa fácil es la verdadera revelación de la temporada.

Sobre Ismael Almonte

Es director artístico de Microteatro Santo Domingo y fundador de S28 Producciones. Formado en artes escénicas en Madrid, ha firmado temporadas como El club de las divorciadas y El club del sexo, además de producciones como Finlandia y Los amigos de ellos dos, manteniendo siempre una mirada atenta hacia los tabúes que rodean a la mujer y la sexualidad.


FICHA TÉCNICA

DIOS TE SALVE, MARÍA: Heidy Brown.

PUNTO CIEGO: Yelidá Díaz y Camila Santana.

UN MATRIMONIO LAVANDA: Héctor Adriel y Mary Gaby Aguilera.

MALAS MADRES: Greimy Menéndez y Cheily Cruz.

EL AMOR ES UNA DROGA: Erni Coronado y Shanisse Rojas.

INFIEL POR UNA CAUSA: Cheddy García y Erlyn Saúl.

ASISTENCIA DE DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN: Jasly Pérez y Mía Vargas.

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Ismael Almonte.

UNA PRODUCCIÓN DE S28P Producciones para Microteatro Santo Domingo, agosto 2026.

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