CRÍTICA – Más que el agua

Texto por: Dahiana Acosta.

Pensé que faltaría mucho para decir esto, pero finalmente, estamos retomando la normalidad y desde este 16 al 22 de septiembre de 2021 se estará celebrando el XI Festival Internacional de Cine Fine Arts, cita obligada para aquellos que disfrutamos del cine en su forma más reflexiva y particular. En esta ocasión HECHO EN RD, dedicado al cine dominicano. A raíz de la pandemia del 2020, más de 50 películas están en la espera de exhibirse. Una curada selección estará proyectándose, con lo más esperado por la cinefilia dominicana, con producciones como Liborio, Candela, La Rasante, Mosh, Motel, La Boya, entre otras, así como también, volver a revisitar Mal Paso, toda una experiencia audiovisual y la última película en estrenarse en 2020.

Más que el agua, fue la película seleccionada para la inauguración, dirigida por Amauris Pérez con la participación de Frank Perozo, Hony Estrella, Josué Guerrero, Mickey Montilla, Axel Mansilla, Laura Díaz, Dalissa Alegría y Lía Pérez Peñalba. Es su primer largometraje, luego de una dilatada carrera en teatro y cine. A Pérez lo vimos en su más reciente trabajo, protagonizando a Papi, 2020, dirigida por Noelia Quintero, adaptación de la novela homónima de Rita Indiana.

Aquí estamos frente a un vendedor de drogas que trata de sortear la vida, chocando constantemente con un pasado que no le augura un buen futuro y tampoco creo que le interese. Este director apostó por mostrarnos la periferia de la sociedad que subyace en este nuebayol chiquito. De la mano de Peyi Guzmán, llevaron a pantalla un recorrido interesante por las calles de un barrio capitalino, con sus colores y sobre todo con su contaminación y ruidosa cotidianidad, el viaje se sintió real y orgánico. Una apuesta valiente, pero sobre todo interesante, que se sale del canon estético que nos tienen acostumbrados los realizadores dominicanos.  Logra crear una atmósfera agobiante, la sensación constante de que va pasar una desgracia, esa desazón que uno siente cuando se te pega un motorista en la calle, estuvo en la mayor parte de la experiencia del visionado. Sus personajes están al borde de la explosión, todo el tiempo. La música, tenía que ser un lamento, una excelente selección con la voz de Xiomara Fortuna.

Es una película de personajes, una propuesta que, en este sentido está muy bien llevada, eso lo trae su director del teatro, quien logra interpretaciones sin caer en exageraciones, o bueno, en muy pocas, por eso, quiero detenerme en ellos, veamos: Nicolás (Frank Perozo), tiene un oficio que no lo define, pero es lo que lo mantiene. Su producto envicia, pero no hace daño, eso dependerá de cómo lo midas. Un tipo atrapado en sí mismo, pasivo agresivo. Su hija y su hermano, son lo único que le permite mostrar humanidad. Un Frank Perozo distanciado de su rol del tipo cool y chilling al que nos tiene acostumbrado y que, en Miriam Miente, 2018, en su mejor papel hasta ese momento, demostró que puede dar mucho más, que en su registro puede permitirse sombras sin forzarse. Así lo hizo con Nicolás.

Fotograma de Frank Perozo (Nicolás) y Manuel Raposo (Memelo).

Elena (Hony Estrella), su aspecto contenido delata la tormenta que lleva dentro. Le permite al espectador especular sobre ella. Algo anda terriblemente mal, eso es seguro. Fiel al significado de su nombre, a veces se debate entre una antorcha ardiente y en otros, una mujer que quiere ser amada, desesperadamente. La de Troya, ya sabemos la que armó, esta no se queda atrás. Por momentos luce la belleza desteñida de la flor que cayó hace mucho tiempo del acónito y el resto, la más radiactiva de todas las piedras de Chernóbil. Hony Estrella, en su punto más maduro, siempre dando lo mejor de sí, aunque hubo momentos en los que su esfuerzo sobrepasó a su contrincante. Este personaje me recordó anteriores interpretaciones, como su episodio en la muy interesante Amigo D, 2018 del director Francisco Valdez, y en Papi, 2020. Se ha sufrido bastante.

Hony Estrella (Elena) y Lía Pérez Penalba (Marie).

Joan (Josué Guerrero), funge como agente catalizador, otro que trata de adaptarse en las rígidas reglas de la sociedad, y se ve obligado a encorbatarse, símbolo de la esclavitud moderna, cuando lo que prefiere es otra cosa. Josué Guerrero es un camaleón que se aclimata perfectamente en cualquier lenguaje, sea en las tablas o en la pantalla, su sola presencia, vaticinó el caos.

Claudia, (Laura Díaz) tan pérdida y apesadumbrada como el hijo de Lindbergh, sus decisiones la llevaron hacia un campo minado, aferrada a ese deseo, siempre desesperado y equivocado, de la gente que pretende que puede cambiar al otro. Ella se convertirá en la pieza de la continuidad, en ella se abriga una dulce esperanza. A Laura Díaz le estaremos dando seguimiento.

Fotograma de Laura Díaz (Claudia) y Frank Perozo (Nicolás).

Carlitos (Axel Mansilla), al que siempre protegieron y se encuentra en una trágica fase de destete, tirado a la jungla de la vida sin herramientas. Otro que anda perdido en el espacio. Joaquín (Micky Montilla) es la bisagra que soporta la dinámica. Un personaje correcto. A Micky Montilla deberíamos verlo con más frecuencia en las pantallas. Es tiempo. Memelo (Manuel Raposo) la dupla perfecta, el yang para Nicolás. Manuel Raposo es de esos que hay tenerlos presente también, siempre lo recuerdo por el cortometraje Azrael & Malaquias, 2015.

Una película que tiene una intención definida, que expone al ser humano y su oscuridad, relaciones tóxicas in extremis, enfocadas en la adicción, la imposibilidad de la rotura del vínculo biológico y la peste de la traición; sin embargo, pierde fuerza cuando intenta salirse de su sencillez. La narrativa que plantea desde el inicio se contrapone con la grandilocuencia con la que se representa algunas cosas, especialmente, cuando interviene la justicia, el sistema, la persecución, termina siendo parte de un espectáculo que hace un ruido que nada tiene que ver con lo que se viene contando. Contrario a lo que nos han vendido en twitter, la justicia no busca sonido, es algo serio y complicado, que no funciona, que está colapsado y es evidente que su negligencia termina siempre en fatalidad. No es una película de acción, por lo tanto, esto me sacaba del discurso y de la atmósfera mortificante creada desde el primer minuto y que venía disfrutando amenamente. Esto sumado a algunas acciones de personajes que se contradicen con las reglas que ellos mismos explicaron.  

Lo anterior no implica que este filme deje de ser un buen ejercicio creativo y honesto de su realizador, Amauris Pérez, quien presenta sus inquietudes sociales y estéticas con este trabajo y se encamina en el trayecto del cine dominicano por el que tantas veces los cinéfilos creyentes han rezado. Las primeras películas son eso, una declaración de intención, un pacto del realizador consigo mismo, y durante su carrera se encargará de desarrollar esos tópicos, que mañana formarán parte de su estilo. Es evidente que nuestro cine está buscando su identidad, y lo más importante, que proyectos como este encuentren apoyo financiero para ver la luz, por lo tanto, nosotros, el público, estamos en el deber de asistir a las salas a disfrutar de estas propuestas, no en apoyo, porque apoyo necesita el que usa muletas, y nuestro cine esta joven y vigoroso.

Decir que “aquí solo se hacen comedias”, está muy trillado, es el cliché en el que se escudan los que no ven cine dominicano, sepa usted que eso hace más de cuatro años que lo quitaron. Vayan, como decía don Armando Almánzar, aunque sea para decir que estoy equivocada.  Vuelvan, con más gente.

Allá nos vemos, eso sí, todos con las mascarillas puestas, hagamos nuestro aporte para que la vuelta no sea interrumpida –te rogamos, óyenos-.

FICHA TÉCNICA

Dirección y guion: Amauris Pérez.

Actuaciones de: Frank Perozo, Hony Estrella, Josué Guerrero, Mickey Montilla, Axel Mansilla, Laura Díaz, Dalissa Alegría y Lía Pérez Peñalba.

Fotografía: Peyi Guzmán.

Musicalización: Freddy Ginebra.

Edición: Gina Giudicelli.

País: República Dominicana, 2021.

 Duración: 85min.