CRÍTICA- LOS DOMINGOS

A mí siempre me interesa seguir ese tipo de cine que, de alguna manera, está fuera de los ejes temáticos recurrentes del cine contemporáneo. Y lo primero que hay que decir es esto: Los domingos es una película hermosa.

La película cuenta la historia de Ainara (Blanca Soroa), una jovencita que tiene un encuentro con la fe y descubre su vocación religiosa. A partir de ahí, se activa un conflicto íntimo, pero también profundamente familiar. Es la hija mayor de tres hermanas en una casa marcada por la ausencia de la madre, con un padre viudo, Iñaki (Miguel Garcés), que sobrevive con un restaurante mal gestionado y una nueva relación, y una abuela que funciona más desde el afecto que desde la confrontación.

Hay, además, una figura clave: Maite (Patricia López Arnaiz), la tía, hermana del padre. Ella arrastra una crisis existencial y de pareja, una frustración, y desde ahí articula la resistencia más clara frente a la decisión de Ainara. Se percibe encerrada en una vida y desde ahí clama la libertad de su adorada sobrina.

La película puede leerse a través de sus capas. Son historias que, aunque íntimas, se sienten reconocibles, extrapolables: familias que lidian con pérdidas no resueltas, con precariedades económicas, con vínculos que se sostienen como pueden.

Ainara tiene una inocencia que la cámara captura de una forma muy particular. Hay algo en su mirada, y en cómo la película decide filmar esos rostros, que termina diciendo más que los diálogos. La mirada aquí no es un recurso, es un lenguaje. Es una adolescente más en su entorno: con amigos, con curiosidad, con esa vida que comienza a abrirse a lo desconocido. Pero cuando entra en contacto con su fe —cuando habla con las monjas, con el sacerdote— ocurre algo distinto. Es como si se encendiera. Como si, en ese espacio, encontrara una versión más viva de sí misma. Y eso la cámara lo acompaña, lo entiende, lo respeta.

El conflicto, claro, es inevitable. En pleno siglo XXI, que una hija diga que quiere ser monja no es una decisión que la familia asuma sin cuestionamientos. Aparece ese discurso lógico: tienes toda la vida por delante, puedes estudiar, viajar, conocer, equivocarte; vivir, y luego decidir. No ahora. Ellos, en contra de lo que sienten, entienden que no está lista para asumir un compromiso de esa magnitud.

Fotograma Los Domingos. Fuente IMDB.

Ahí es donde la película se vuelve interesante, porque no ridiculiza ninguna de las posturas. Iñaki, incluso desde su propia crisis económica, termina asumiéndolo con cierta resignación práctica: una preocupación menos. Pero Maite no. Ella insiste en que esa decisión merece ser confrontada, que Ainara necesita experimentar el mundo antes de encerrarse en él. Ese contraste sostiene gran parte de la tensión.

Pensaba, mientras la veía, en lo difícil que debió ser levantar un proyecto así. No tanto por la ejecución —que es impecable—, sino por la idea misma: “mi película es sobre una adolescente que quiere ser monja”. Es una premisa que, en papel, parece pequeña. Y, sin embargo, la película logra expandirla desde lo visual y lo emocional.

Hay una coreografía muy cuidada entre luces y sombras, especialmente en las escenas vinculadas a la fe. La película construye atmósferas más que situaciones. Y en ese ambiente también se filtra el duelo: la madre ausente, una figura que se intuye compleja, que dejó algo no resuelto en la familia. Todo eso está ahí, latiendo.

Al final, Maite funciona como catalizador. Es quien pone en palabras la frustración, quien se resiste. Mientras, el padre y la abuela orbitan en otro lugar: él desde la indiferencia cansada, ella desde el deseo de que la niña simplemente esté bien. También está esa idea recurrente de que “se le va a pasar”. Como si la fe, en este caso, fuera una etapa más de la adolescencia. La película no responde a eso de forma categórica; lo deja en suspensión.

Hay, eso sí, un gran respeto por la fe y una visión contemporánea a través de Ainara. Su Dios no es abstracto, está vivo para ella. Eso se siente en todo momento. No hay ironía, no hay distancia. Y ahí se reconoce una continuidad con el cine de Alauda Ruiz de Azúa: esa forma de mirar lo íntimo sin subrayarlo, como ya lo hiciera con Cinco lobitos (2022).

Pensaba también en Camino (2008), de Javier Fesser, por esa relación entre juventud y fe, aunque aquí el enfoque es distinto. Camino se movía desde un lugar más confrontativo, más explícito en su crítica; Los domingos, en cambio, observa. Se queda en la duda, en la posibilidad de que esa fe sea genuina, pero también en la sospecha de que pueda ser una forma de refugio no solo de Ainara. En ese equilibrio es donde la película encuentra su fuerza.

Lo que sí es claro es que la película conecta. Desde un lugar emocional muy directo, y también porque pone sobre la mesa un tema que no suele estar en la conversación contemporánea: la vocación religiosa en jóvenes. En ese sentido, y tal vez sin pretenderlo, Los domingos termina invitándonos a Jeremías 29:13: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.

Ficha técnica – Los domingos

  • Título original: Los domingos
  • Año: 2025
  • País: España
  • Duración: 110 minutos
  • Dirección: Alauda Ruiz de Azúa
  • Guion: Alauda Ruiz de Azúa
  • Reparto principal:
    • Ainara – Blanca Soroa
    • Maite – Patricia López Arnaiz
    • Iñaki – Miguel Garcés
    • Pablo – Juan Minujín
    • Madre priora – Nagore Aranburu
    • María Dolores – Mabel Rivera
  • Fotografía: Javier Agirre Erauso
  • Música: David Rodríguez
  • Montaje: Fernando Franco
  • Producción: Buenapinta Media, Colosé Producciones, Encanta Films, Sayaka Producciones, Moriarti Produkzioak
  • Género: Drama
  • Temas: Religión, familia, adolescencia, vocación
  • Sinopsis:
    Ainara es una adolescente brillante que, en un momento de tránsito hacia la adultez, siente un llamado religioso que la lleva a considerar la vida monástica. Su decisión desata tensiones en su entorno familiar, especialmente en su padre y su tía, quienes cuestionan si esa vocación responde a una convicción profunda o a una etapa pasajera. En medio de ese conflicto, la película observa con delicadeza el cruce entre fe, deseo y pertenencia.

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