Siempre se ha dicho que las segundas partes nunca fueron buenas. Y uno parte de esa conclusión cuando se enfrenta al ejercicio de visionar la segunda entrega de una película, sobre todo cuando la primera fue un éxito taquillero. En el caso de Los Rechazados 2, la tarea resulta todavía más interesante: la primera película fue la producción dominicana con mayor asistencia de público en 2025 y esta segunda entrega llega con la intención evidente de ampliar esa fórmula.
Mis impresiones sobre la primera pueden leerse en mi reseña. En aquella ocasión señalé una película desordenada, con personajes desaprovechados, una historia que nunca terminaba de encontrar su rumbo y un exceso de improvisación: una retahíla de soeces que no terminaba de armar un relato. La excepción fue Vicente Santos como Malakías, un personaje que ya entonces tenía identidad propia.
En esta ocasión, sin embargo, me parece que hay una evolución respecto a la primera entrega. No necesariamente porque Los Rechazados 2 abandone lo que hizo funcionar a la primera, sino porque entiende mejor qué quiere ser y, sobre todo, a quién le está hablando. Todo está construido a partir de ese conocimiento: los códigos de las redes sociales, la manera en que hablamos y los personajes que forman parte de nuestra conversación cotidiana en este nuevo ecosistema.
Los Rechazados 2 parte del absurdo. Se divierte con el género de las misiones imposibles, las historias apocalípticas y el camino del héroe, pero lo ridiculiza desde una lógica deliberadamente disparatada. La diferencia que encuentro respecto a la primera entrega es que ahora existe una encomienda más clara: una misión suicida, en la que este grupo de personajes dominicanos es lo único que puede salvar la tierra. Aunque la lógica siga siendo deliberadamente rocambolesca, funciona como cable a tierra. Hay un tiempo, un destino y una tarea que cumplir. Y eso hace que esta película se sienta un poco más cerrada que la anterior, incluso cuando los personajes puedan verse indistintamente entre sí: ya son conocidos, y eso basta para sostener el conjunto.
La coralidad sigue siendo parte esencial de la fórmula. A estas alturas, ya podemos hablar de una franquicia, y en una película coral hay que saber qué hace cada personaje dentro del engranaje.

Pepe Sierra está mucho mejor utilizado y permanece más tiempo en pantalla. Su personaje funciona desde dos vías: puede entrar en la locura de la película, pero también sirve como punto de referencia frente a lo que está ocurriendo. Esa capacidad de moverse entre ambos registros ayuda a que el espectador no se pierda completamente dentro del caos.
David Maler, como el capitán De la Rosa, también me llamó la atención porque la película juega con nuestros estereotipos y prejuicios. Maler construye una especie de Tom Selleck dominicano, con esa presencia de hombre duro que termina adquiriendo otros matices dentro de la historia.
Pero si tengo que escoger un personaje, mi favorito sigue siendo Malakías, interpretado por Vicente Santos. Esta vez se le expone más, y eso le da espacio a lo que ya funcionaba desde la primera entrega: ese inglés más apasionado que correcto, un personaje profundamente suyo, reconocible y divertido. La respuesta del público es inmediata cada vez que entra en escena, y esta vez me preguntaba algo que no me había planteado antes: ¿qué vida tuvo este hombre antes de llegar hasta aquí? Esa podría ser, para mí, la verdadera película.
Si Malakías es mi personaje favorito, Bonifacio, interpretado por Frank Perozo, es el que menos me convence. Es una versión del dominicano del campo que en lugar de apoyarse en el encanto que ese arquetipo puede tener, se deriva hacia lo grotesco. No hay ternura ni picardía en la caricatura, solo exageración, y eso lo deja más cerca del chiste fácil que del tipo de humor que sí funciona en el resto de la película.
Alrededor de ellos gravitan figuras provenientes de las redes sociales, la televisión y la música. Ariel Santana, Pedro Casals y Ramón Tolentino forman parte de ese engranaje que acompaña la misión, mientras Omega aparece como presidente de la República, actuando, muy lejos de cómo es él en realidad. A ellos se suman nuevas incorporaciones al universo, como Bulyn 47 y Martha Candela, que amplían el mapa de referencias sin desentonar con el tono ya establecido. Y en el contexto político actual, la elección de Omega tiene un componente inevitablemente divertido. Después de escuchar todos los días conversaciones sobre hacia dónde vamos de cara a 2028 —esa incertidumbre repetida que ya cansa de tanto darle vueltas—, prefiero, aunque sea por hora y media, la salida absurda que propone la película. Así que debo admitirlo: votaría por Omega. Total.

Y hay otra elección que me parece especialmente adecuada: Alexandra Hatcu como la inteligencia artificial. En una película que construye buena parte de su humor a partir de figuras que el público reconoce inmediatamente, ponerla en ese lugar tiene todo el sentido. El que sabe, sabe.
Crismel White, otra de las novedades de este universo, fue una sorpresa para mí. Cuando se incorporan a una película actores provenientes de estos medios, se espera que repitan esa personalidad estridente que el público ya reconoce. En su caso, esa personalidad está ahí —esos picos de desesperación cada vez que alguien no entiende el mandato—, pero Yasser Michelén consigue lo imposible: la deja aparecer solo cuando la película la necesita, sin que el personaje se convierta en una extensión permanente de su presencia pública. Eso habla de un cineasta que entiende mejor cómo controlar varias personalidades dentro de una misma película y cómo hacer que todas convivan dentro de una historia construida sobre el caos.
El diseño de producción evolucionó igual de bien. Ahora sí vemos un cohete moderno. Los sets ya no transmiten aquella sensación de cartón. Ahora hay una decisión inteligente en el uso de primeros planos, que economiza recursos de producción sin sacrificar la experiencia inmersiva del espectador. Es una decisión eficiente y adecuada, que evita que se evidencien las debilidades del set. Además, todo esto se construyó aquí, utilizando locaciones dominicanas como la Base Aérea de San Isidro y Las Dunas de Baní, escenarios que adquieren otra dimensión dentro de la ciencia ficción.
Los Rechazados 2 es, ante todo, cine para disfrutar durante una hora y media. Para evadirse, divertirse y acercarse a algo conocido sin demasiada complicación. No todo tiene que aspirar a ser una reflexión profunda sobre nuestra sociedad; también necesitamos películas que llenen las salas, que hagan reír y que permitan que la gente vuelva a reconocerse dentro de una producción hecha aquí. Si hay una sala llena y lo que está en pantalla es una película dominicana, hay algo que, como industria, no podemos ignorar. A mí, eso me alegra.
Eso no significa que no se pueda exigir más, ni que nos conformemos con menos. Creo que la comedia dominicana todavía puede reducir más el uso de las malas palabras y construir diálogos que sean divertidos por sí mismos, sin necesidad de recurrir a los gritos. Como dijo Pedro Almodóvar aquí una vez, en este país se está filmando una película en cada esquina.
Las comedias dominicanas necesitan seguir experimentando hasta encontrar nuevas fórmulas. Pero mientras tanto, esta funciona, porque corrige lo que en la primera entrega no tenía sentido. No toda película necesita medirse por su profundidad; también hay un lugar, dentro del canon de lo popular, para el cine que simplemente cumple con su público. Negarle ese lugar por sus debilidades sería mezquino. Y este es, con sus fallas y todo, el cine necesario para poder hablar de un cine dominicano exitoso.
FICHA TÉCNICA
Título: Los Rechazados 2: Operación Espacial
Género: Comedia / Drama / Ficción
Duración: 90 minutos
Estreno: 13 de agosto de 2026
País: República Dominicana
Productora: Bougroup
Dirección: Yasser Michelén
Producción y guion: José Ramón Alamá
Dirección de fotografía: Camilo Soratti
Edición: Marcos Caraballo
Reparto principal: Pepe Sierra, David Maler, Frank Perozo, Vicente Santos, El Napo, Haraka Kiko, Chimbala, Crismel White y Luinis Olaverría
Participaciones especiales: Omega El Fuerte, Alexandra Hatcu, Bulin 47, Ariel Santana, Pedro Casals y Ramón Tolentino
Sinopsis: En un futuro cercano, una crisis climática amenaza con destruir la civilización, y una poderosa inteligencia artificial determina que la mejor manera de salvar el planeta es eliminar a los seres humanos. Ante esta amenaza, un grupo de improvisados héroes deberá viajar al espacio para intentar detenerla.

Productora y conductora del podcast Cinependiente RD.
Miembro fundador de ADOPRESCI.
Dahiana Acosta, forma parte del Colectivo Artístico Cinependiente desde el año 2015, ha sido la productora y editora del programa radial Cineasta Radio (2017-2021) y ahora, del Podcast Cinependiente y editora de su página web. Desde el 2019, es miembro de la ASOCIACIÓN DOMINICANA DE PRENSA y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA, ADOPRESCI y actualmente es su presidente. Además, coordina junto a Cinemateca Dominicana la programación del Cinefórums que modera ADOPRESCI y participa en el programa radial “12 y 2”, en su segmento de cine de cada jueves. También, ha sido Jurado de la Semana + Corta, Festival Internacional de Cine LGBT+, Santo Domingo OutFest, Festival de Cine Fine Arts,entre otros y ha dado cobertura a los festivales internacionales: Miami Film Festival y New York Film Festival.
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