CRÍTICA – INTERIOR.APARTAMENTO.DÍA

Interior, apartamento, día es la novena película de una de mis duplas favoritas del cine dominicano: Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, dos directores que desde hace años vienen construyendo una filmografía singular dentro de nuestra cinematografía. Desde Jean Gentil (2010), rompieron con ciertos esquemas de la narrativa local y dejaron claro su interés por personajes que se salen de lo convencional.

Lo interesante es que Interior, apartamento, día se aparta un poco de lo que usualmente asociamos con ellos, pero sin traicionar del todo el espíritu de su cine. Aquí estamos ante una película íntima y observadora, enfocada en una pareja joven, creativa y freelance que intenta sostener una vida en común mientras lidia con el desgaste de la cotidianidad, el deseo, la precariedad y esa incertidumbre de no saber si aquello para lo que te formaste realmente puede darte una vida. A eso se suma un detalle importante: la historia está narrada por la voz de Israel Cárdenas, una decisión que acompaña muy bien el tono íntimo y contenido de la película.

Nini (Maia Otero) y Omar (Juliano Kunert) son dos jóvenes que intentan construirse, encontrar una forma de estar juntos y sobrevivir sin traicionarse del todo. Él se mueve en el mundo del cine. Ella, en un territorio creativo que bordea el diseño, el arte y la arquitectura. Ambos viven de trabajos esporádicos, de encargos, de resolver. Y ahí aparece uno de los grandes aciertos de la película: entender que también hay drama en lo aparentemente mínimo, en el tedio de sostener el día a día, en la dificultad de pagar las cuentas sin renunciar a una idea de vida.

Eso, en el contexto del cine dominicano, no es menor. Estamos acostumbrados a ver historias atravesadas por extremos: la pobreza llevada al límite, el trauma social, el conflicto estallado o, por el otro lado, ficciones más artificiosas. Pero hay una parte de la sociedad dominicana que también necesita verse en pantalla, y esta película se enfoca precisamente en eso: en una juventud de clase media o media alta que también vive en crisis. Aquí el conflicto no es la miseria absoluta, sino algo igual de corrosivo: la distancia entre lo que soñaste ser y lo que realmente te permite sobrevivir.

En el caso de Omar, eso se vuelve especialmente doloroso. Estudió cine, quiere crear, quiere que su trabajo tenga sentido, pero la realidad lo empuja a aceptar encargos que no necesariamente le interesan. También me resulta muy interesante cómo se manejan los roles dentro de la relación. Nini es la que parece avanzar con más firmeza, mientras Omar queda en una posición más frágil. Eso cambia el eje de representación de la pareja. Él no aparece como el hombre endurecido que resuelve o estalla, sino como alguien frustrado por no poder cumplir con sus propias expectativas, ni profesionales ni emocionales.

La película no se limita a hablar de precariedad económica. También habla de una crisis de identidad, de lo que pasa cuando no logras convertir tu deseo en forma de vida. Omar está fragmentado, y la película tiene la sensibilidad de mostrarlo sin juzgarlo.

También se permite explorar el vínculo de la pareja desde el deseo, lo erótico y cierta libertad emocional. Es un registro que no había visto tan claramente en el cine de Laura e Israel, y aquí aparece con naturalidad, sin morbo ni solemnidad. Eso también le da frescura a la película, igual que su humor tenue y extraño. Incluso la presencia de la gatita termina aportando una ligereza encantadora dentro del relato.

De hecho, una de las sensaciones más curiosas que deja la película es que parece una ópera prima. No porque esté insegura o desarticulada, sino por la frescura con la que está hecha. Tiene algo ligero, casi juguetón, como si fueran directores descubriendo un nuevo territorio. Y eso, lejos de restarle, le suma.

Aunque esta película se sienta distinta dentro de su filmografía, sí dialoga con todo lo que han venido haciendo. Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas siempre han tenido interés en personajes fuera del molde. Ahí están Carmita (2013), Dólares de arena (2014) y La fiera y la fiesta (2019), películas que desde lugares muy diferentes se preguntan por los márgenes, por la extranjería, por las identidades desplazadas y por formas no convencionales de habitar el mundo. En ese sentido, Interior, apartamento, día encaja bien en esa trayectoria.

Y tal vez por eso tiene tanto valor. Porque pone el ojo en una dominicanidad menos subrayada, menos folklorizada, menos dependiente del dolor extremo como único mecanismo de legitimación. Esta película también dice: así vive una parte de este país. Así se frustra, así desea, así improvisa, así resiste.

Hay algo muy honesto en que esta película no intente explicar de más a sus personajes. Los deja vivir, equivocarse, frustrarse. Y en esa renuncia, encuentra una de sus mayores virtudes.

Ficha técnica

Título: Interior, apartamento, día
Dirección: Laura Amelia Guzmán, Israel Cárdenas
Guion: Israel Cárdenas
Fotografía: Israel Cárdenas
Montaje: Israel Cárdenas, Yibrán Asuad, Guillermo Vásquez
Diseño de sonido: Sebastián Schumacher
Música: Grégoire Blanc
Diseño de producción: Shaina Cohen
Producción: Rafael Elías Muñoz, Sarah Pérez Báez, Laura Amelia Guzmán
Compañías productoras: Lantica Studios, Purpleline Productions, Aurora Dominicana
Elenco principal: Maia Otero, Juliano Kunert
Elenco adicional registrado: Camila Santana
Género: Ficción / drama
Duración: 91 minutos
País: República Dominicana
Año: 2025
Estreno comercial en República Dominicana: 9 de abril de 2026.

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