CRÍTICA – MELODRAMA – 43RD MIAMI FILM FESTIVAL

Tras el impacto de su ópera prima, Candela (2021), que ya contenía en sí misma un universo de “noir tropical” muy particular, la llegada de Melodrama se percibe como uno de los trabajos más esperados de Andrés Farías. Este nuevo relato, dialoga con una sensibilidad cercana a la obra de Rainer Werner Fassbinder, un referente que aquí se manifiesta en la disección de los afectos y las barreras de clase.

La película nos presenta la historia de Sonia (Mercedes Morales), una mujer que ha perdido recientemente a su marido y se ve obligada a atravesar un proceso de traslado: dejar una casa amplia para habitar un apartamento, en una transición que no es solo física, sino también emocional. Sonia convive con su hija Miriam (Sarah Jorge León) y su nieta Maia (Adriana Zayas); tres generaciones de mujeres que parecen compartir una misma incapacidad de comunicar lo que sienten. Hay una contención constante, un silencio que pesa e impregna un contexto de clase media alta donde las emociones se administran bajo ciertas normas implícitas de lo que se debe hacer o mostrar. En ese nuevo espacio, Sonia establece una relación con Aime (Jimmy Jean-Louis), un trabajador de la construcción vecina, mientras orbitan a su alrededor personajes como Dilenia (Cindie Lundy), quien funciona como asistenta y sostén cotidiano.

En el contexto dominicano, este vínculo podría leerse desde la superficie del prejuicio —una mujer de clase alta involucrada con un obrero haitiano—, pero el énfasis sutil de Farías logra limpiar esa “basurilla” social para enfocar la mirada en la necesidad de atención de Sonia y en una conexión que trasciende lo racial. Hay una química real, una atracción que ya vimos en Adios, (Au revoir) 2024, y que aquí se confirma: Jimmy Jean-Louis es un actor que la cámara ama y, junto a Mercedes Morales, logran un feeling que sostiene el peso del relato.

Una de las lecturas más claras es la repetición generacional del conflicto emocional. Las tres mujeres están atravesadas por el mismo vacío y por esa falta de expresión que se hereda como un hábito. Visualmente, la película apuesta por el encierro a través de interiores que refuerzan la sensación de encapsulamiento, un mundo contenido donde solo irrumpen colores vibrantes asociados a los instantes de placer o de ruptura, como si se intentara exteriorizar lo que los personajes no logran verbalizar. El apartamento funciona como una extensión de Sonia; en ese desprenderse de objetos y reorganizar el espacio, hay una reconstrucción de la identidad y del territorio íntimo.

Fotograma Melodrama, Andrés Farías, 2026.

Resulta inevitable pensar en Aquarius (2016). Hay algo en Sonia —en su nombre y en su temple— que remite a esa figura de mujer que resiste, que habita el miedo pero también se dejallevar por él en una contradicción fascinante: el miedo la paraliza, pero también la impulsa; la asusta, pero le gusta. En este marco, la relación con Aime activa con claridad la idea del melodrama. Aunque de entrada ese vínculo pueda generar ruido o resultar “poco convincente” desde el prejuicio, es precisamente ahí donde reside la intención del código: la exageración y el gesto que necesita ser más grande que lo verosímil para sostener su carga emocional. Lo mismo ocurre con la dirección de arte; ese universo de clase media alta está bien construido, aunque ciertos espacios se sientan artificiales, una decisión estética que parece reflejar un mundo aún no habitado emocionalmente por la protagonista.

Es notable la elección de la actriz principal, un rostro que aporta frescura y rompe con la tendencia de centrar las historias únicamente en mujeres jóvenes. Sonia es puro marditismo, una gacela. Farías coloca deliberadamente a una mujer en otra etapa de la vida en el centro del relato, permitiendo una lectura en clave de género donde, aunque ellas son el eje, el detonante del conflicto sigue vinculado a los hombres. Son ellos los que introducen el caos o la fractura, mientras la película se enfoca en cómo ellas procesan, resisten o negocian ese impacto. Las tres protagonistas se encuentran en momentos distintos de transición e incertidumbre. Miriam, corroída también por una separación, Maia, habita esa búsqueda identitaria propia de la adolescencia, cambiando su forma de presentarse como parte de un intento por encontrarse. La música, al igual que en Candela, vuelve a jugar un papel importante en el entramado emocional.

El conflicto se presenta desde el inicio, y ese nudo que se va tensando con la explosión de las situaciones y estos personajes femeninos pedían, inevitablemente, un cierre que las reivindicara. En una lectura superficial pensaríamos que el fin ulterior de esta historia es esa relación entre Sonia y Aime, y no: la historia es sobre ellas y sus conflictos. Dejarlas atrapadas en ese bucle de frustración, de incomunicación, habría sido condenarlas al otro extremo de un puente roto.

En Melodrama el espectador recibe casi una invitación: seguir intentando hacerlo mejor, aprender a convivir con las diferencias, pero, sobre todo, darse la oportunidad de sentir y atreverse. Porque los otros que opinan sobre nuestras vidas, no están dispuestos a pagar el precio de vivirlas. La soledad es un lugar ruidoso e incómodo cuando se impone y no se busca.

No importa el desenlace, un melodrama en que las mujeres se permiten intentar ser felices, es poético. Hay que ser así de disruptivo.

La película fue reseñada para el 43rd Miami Film Festival, presentado por Miami Dade College.

Ficha técnica – Melodrama

  • Título original: Melodrama
  • Año: 2025
  • País: República Dominicana
  • Dirección: Andrés Farías
  • Guion: Andrés Farías
  • Elenco principal:
    • Mercedes Morales (Sonia)
    • Sarah Jorge León (Miriam)
    • Jimmy Jean-Louis (Aime)
    • Adriana Zayas (Maia)
  • Género: Drama
  • Idioma: Español / Francés
  • Fotografía: Saurabh Monga
  • Diseño de producción: Mónica de Moya

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