Nuestra industria cinematográfica, a pesar de su juventud, ya permite identificar trazos y estilos claros en sus realizadores. Por un lado, están quienes han construido una firma propia a través de duplas o géneros específicos —pensemos en Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas, Nelson Carlo de los Santos o Archie López—. Pero, en paralelo, ocurre algo distinto: el surgimiento de un modelo de trabajo desde colectivos que funcionan como laboratorios de talento. Bougroup es un ecosistema que ya supera la veintena de títulos desarrollados y que, en ese ejercicio de producción constante, ha entregado resultados desiguales: desde aciertos notables hasta propuestas que no terminan de cuajar. Sin embargo, esa misma irregularidad es síntoma de una maquinaria que no se detiene y que busca consolidar un discurso propio.
Liderado por Héctor Manuel Valdez y José Ramón Alamá, este colectivo ha abierto espacio a creadores como Yasser Michelén bajo una visión integral. Han apostado por la coralidad como forma narrativa, casi como un laboratorio: tomar nuestras rarezas, nuestros especímenes más peculiares, y desde ahí contar algo más amplio sobre la sociedad dominicana.
Están detrás de historias que integran la coralidad como rasgo central. Los rechazados, por ejemplo, fue la más taquillera del cine dominicano del año 2025 y comparte esa misma lógica; más allá de mis reparos críticos, se rescatan aciertos como el personaje de Vicente Santos, una exótica combinación entre Lionel Richie y Blas Durán, extraído del universo de La familia.
También están detrás de El año del tigre (2023), que entiendo es un ejercicio creativo muy interesante: una dominicanidad excéntrica, pero profundamente reconocible. Permite a Michelén construir universos narrativos variados, como ocurre también en Las pequeñas cosas (2024), una comedia romántica ligera necesaria que encuentra rarezas atractivas en sus personajes.
Quise comenzar desde aquí para dejar claro que sí hay un intento consciente de construir un discurso audiovisual desde este colectivo: conjugar lo popular, lo divertido, lo raro, lo dominicano, y convertirlo en un material exportable. Bougroup tiene un acuerdo de distribución que inició con Star+ y que hoy forma parte de Disney+. Para un país como el nuestro, eso no es poca cosa. Siempre que se respete el estreno local y la accesibilidad al público dominicano de las producciones que se realizan con incentivo fiscal a la producción cinematográfica, que nuestras películas convivan en plataformas como Disney+ habla bien del momento que estamos viviendo como industria.
Vamos entonces a lo que vinimos, hablemos de Animales. José Ramón Alamá viene de una carrera muy prolífica como guionista, por citar algunos: Malos padres, Trabajo sucio, sus colaboraciones en la filmografía de Héctor Manuel Valdez, además de películas de corte más turístico donde el país se promociona desde el género de aventuras, como I Live Where You Vacation. Malos padres, como debut en la dirección, me pareció flojo, pero ahí estaba una declaración de intención: la coralidad y explorar esa delgada línea entre la cordura y la locura, tan visible y cercana en una sociedad como la nuestra, donde estamos tan cerca de lo sublime y lo trágico.
Animales, desde el título, alude a lo esencial y primitivo. Conjuga un elenco que responde a una tradición del cine dominicano: integrar figuras del teatro, la televisión y hoy también de las redes sociales. Ese ejercicio se ha repetido en los títulos mencionados anteriormente. La diferencia aquí es que se les saca de su zona de confort y de su “persona” habitual de las pantallas.
La película gira en torno a tres parejas —Pamela Sued y David Maler, Nashla Bogaert y Pedro Casals, Frank Perozo y Vitaly Sánchez— amigos de larga data que se reúnen a cenar. Clase media, media alta, a quienes sobre la mesa se les plantea la posibilidad de abrir sus relaciones, explorar, desacatarse. Ese es el detonante.
El diseño de producción es clave. Lorelei Sainz (Mis 500 locos, 2020; Melocotones, 2017), diseñadora de la producción, define el espacio; no es un set decorado: es un personaje. La casa de Santiago (David Maler), el rico del grupo, es coherente con su estilo de vida. El hogar y carro del médico (Frank Perozo) parece heredado, detenido en el tiempo. El abogado (Pedro Casals) penalista exitoso maneja un Porsche pequeño para un ego tan grande. La terapeuta (Nashla Bogaert) tiene un consultorio de luz cálida, pensado para contener y provocar conversación. Todo está pensado. Alamá no ha dejado cabo suelto en ese sentido.
La película trabaja muy bien la iluminación, la creación del ambience, los claroscuros y una paleta cromática dominada por el rojo. No sé si es un gesto consciente hacia Almodóvar, pero el rojo atraviesa la identidad del colectivo; aquí está presente en el vino, en las uñas, en los labios, en las paredes, en la cabaña. Pasión, violencia, intimidad, muerte.
En cuanto a los personajes, me resultan interesantes casi todos. Desde Mar Bonelly y Camila Issa en roles periféricos que definitorios de la historia. Destaco especialmente a Vitaly Sánchez; se distancia del estereotipo de la “mamasota”, un arquetipo —la mujer florero— vilipendiado en el universo del cine de Roberto Ángel Salcedo. Su personaje es sexy, sí, pero desde la coquetería, desde el deseo de pertenecer y explorar; tiene, además, momentos de vulnerabilidad muy naturales. Frank Perozo vuelve a ese registro de hombre cansado de la vida, pero encantador, que tan bien le funciona. Nashla Bogaert interpreta a una terapeuta reprimida que utiliza la terapia como detonante del caos, alejada de la mujer complicada en apariencia que siempre nos trae y explorando un lado más sexy, para beneplácito de sus seguidores.
David Maler entrega un personaje sólido, quien desde el inicio sabemos que será el catalizador de la historia. Casals, en un rol conocido para él, permite silencios orgánicos, quiebres y sensibilidades, debajo del estruendo de su personalidad. Pamela Sued, finalmente, recibe un papel acorde a su momento en el cine dominicano; le permite jugar con la imagen pública que se asume de ella y subvertirla con naturalidad y un alto sentido del “que me importa a mi”. Se arriesga, se expone, y funciona.
Animales tiene ritmo, dura una hora y media —algo que hoy se agradece—, es erótica sin ser pornográfica, maneja un humor cruel e inteligente, con el lenguaje soez debidamente colocado, y mantiene coherencia interna. Su mundo está bien definido.
Más allá de la historia, la película reflexiona sobre esa línea frágil que separa la civilización del instinto. Las reglas que nos ordenan: la monogamia, la moral, los acuerdos sociales. Animales cuestiona todo eso sin estridencia, sin vulgaridad.
Me parece un segundo ejercicio directorial sólido de Alamá. Una mirada a una versión de la sociedad dominicana que no siempre se expone, pero que existe. No es pornomiseria ni caricatura. Es otro espejo. Si bien me parece que el final puede ser reiterativo y anticlimático, no afecta la experiencia general del espectador. Se experimenta un retro gusto, suave y exquisito.
Es una película para gente grande; algunos la disfrutarán por lo que plantea, hasta se atreverán a jugar con el tema, a otros incomodará, ya sea por lo que dice o porque los pone en evidencia.
El cine dominicano reciente ha sentado al dominicano en una mesa en la que sirve de platos nuestras abundancias y nuestras carencias. Cuarencena (2023), por ejemplo, nos mostró mientras cenábamos cómo lidiamos con el patógeno cruel; Pérez Rodríguez (2024), desde la casa de mami y papi, expuso a la clase media que vive de apariencias y tarjetazos; en Animales, es de lo que hacemos cuando creemos que nadie nos ve.
No voy al cine esperando que la película dominicana sea mala. Siempre tengo la esperanza de sorprenderme. Animales no me defraudó. Es una muy buena propuesta de Bougroup, en cartelera, que merece encontrar a su público y ocupar su lugar dentro del retrato contemporáneo de nuestra sociedad.
Ficha técnica
Casa productora: Bougroup
Dirección: José Ramón Alamá
Edición: Alejandro Hiraldo.
Género: Comedia adulta.
Cast: Pamela Sued. David Maler. Nashla Bogaert. Frank Perozo. Vitaly Sánchez. Pedro Casals. Mar Bonelly. Christian Rizek y Vacaloca.
Clasificación: R (adultos)–

Productora y conductora del podcast Cinependiente RD.
Miembro fundador de ADOPRESCI.
Dahiana Acosta, forma parte del Colectivo Artístico Cinependiente desde el año 2015, ha sido la productora y editora del programa radial Cineasta Radio (2017-2021) y ahora, del Podcast Cinependiente y editora de su página web. Desde el 2019, es miembro de la ASOCIACIÓN DOMINICANA DE PRENSA y CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA, ADOPRESCI y actualmente es su presidente. Además, coordina junto a Cinemateca Dominicana la programación del Cinefórums que modera ADOPRESCI y participa en el programa radial “12 y 2”, en su segmento de cine de cada jueves. También, ha sido Jurado de la Semana + Corta, Festival Internacional de Cine LGBT+, Santo Domingo OutFest, Festival de Cine Fine Arts,entre otros y ha dado cobertura a los festivales internacionales: Miami Film Festival y New York Film Festival.
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