KACIMIRO: LA LENTITUD COMO MEMORIA

Hay películas que se nos imponen no por el despliegue de artificio, sino por la densidad de su espera. Kacimiro, de Boynayel Mota, pertenece a esa estirpe de obras que exigen un tiempo desacelerado, un tiempo que no se mide en relojes, sino en respiraciones, en silencios, en el roce de una mano sobre un tambor. No es cine que se apresure a mostrar, sino que demora en revelar, como si supiera que todo verdadero acontecimiento necesita su umbral.

El documental traza el retrato de Kacimiro Minier, capitán de los Congos de Villa Mella, pero lo hace desde un tempo que no obedece a la lógica periodística ni a la urgencia informativa. Aquí la narración se abre como un ritual: la cámara contempla, insiste, se demora, casi como si practicara lo que Alexandra Kohan llama “la suspensión”, ese intersticio donde el mundo deja de hostigar. Kacimiro no es una biografía, es un elogio de la lentitud, un modo de dejar que la tradición hable en susurros, en gestos, en repeticiones.

Fotograma del documental Kacimiro, 2025.

Hay en el filme una resistencia callada a la velocidad que arrasa con todo: la luz blanca del celular que invade la sala, el meme que dice “mucho texto”, el apuro por comprimir la experiencia en minutos contados. Mota se aparta de ese vértigo. Prefiere el ritmo artesanal de los Congos, donde cada golpe de tambor es único e irrepetible, donde cada canto atraviesa los siglos como una cuerda que vibra todavía. Ese ritmo no es atraso, es supervivencia: el tiempo largo como trinchera de la memoria.

Y, sin embargo, Kacimiro carga con cierto lastre. Su deriva, aunque fiel al pulso contemplativo que propone, en ocasiones no conduce más allá de lo anecdótico. Hay momentos donde la insistencia en lo ritual corre el riesgo de volverse reiteración, donde el espectador puede sentir que la espera no siempre se abre hacia nuevas capas de sentido. Esta dilación narrativa, celebrada por algunos, es también el punto donde otros encuentran su límite.

Lo que compensa esa deriva es la figura misma de Kacimiro Minier: un hombre de sabiduría infinita, que aparece por momentos como un pope de la comunidad de Mata Los Indios en Villa Mella. Su sola presencia dota de densidad espiritual a la obra, como si en él se condensara la memoria de un pueblo entero. Kacimiro es signo, metáfora y carne de tradición; un cuerpo que encarna siglos de resistencia cultural.

Fotograma Kacimiro Minier.

Jorge Ayala Blanco diría que Kacimiro es cine que se obstina en su propio rezago, que convierte la dilación en poética. Pero en esa obstinación hay un gesto profundamente político: se rehúsa a dejar que lo ancestral se consuma en la inmediatez de los reels. Al contrario, nos obliga a demorarnos, a mirar las manos curtidas que tallan instrumentos, los rostros que cantan, las lágrimas que acompañan la muerte.

Kacimiro es entonces más que un retrato: es un espacio para detenerse. Como el psicoanálisis del que habla Kohan, es un lugar anacrónico en medio de la prisa maquinal. Un lugar donde el cine recupera su poder de aislamiento, de enclave ritual. La pantalla como refugio frente a la compulsión contemporánea. La lentitud como memoria, como resistencia, como acto de vida.

Ficha técnica

  • Título original: Kacimiro  
  • Año: 2025  
  • Duración: 75 minutos  
  • País: República Dominicana  
  • Género: Documental  
  • Director / Guionista: Boynayel Mota  
  • Director de Fotografía: Mota “Bejike”  
  • Productora(s): Guasábara Cine y Timacle Films  
  • Productores:
    • Productor ejecutivo: Fernando Santos Díaz  
    • Productores ejecutivos adicionales: Agustín Lama y Rafael García Albizu  
  • Reparto / figuras documentadas: Enrique Minier, Juana Selmo, Chulo Minier  

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