Crítica – Bantú Mama: Mamá Favela

Texto por: Edwin Cruz. (@edwincruzcine)

Bantú Mama es la segunda película de Iván Herrera, y en ella una hermosa ciudadana francesa de ascendencia camerunesa (rodeado su apartamento de alguna máscara tribal y una mini efigie divina que en primer plano da vueltas y vueltas y parece preconizar un viaje al corazón de la africanidad), que viene de vacaciones a  exclusivo resort de República Dominicana, y tras encuentro azaroso con el trabajo que viene a realizar, se refugia en las aguas del río Ozama y es rescatada por dos adolescentes hembra y varón, que se la llevan a su lar en lo más entroncado de una favela dominicana, donde conoce a un niño que es hermanito de la hembra y primito del varón que viven solos, ya que la figura paternal y tutti capo del lugar está en la cárcel, pero desde allá sigue manejando el negocio. Hembra y varón siguen las directrices, pero ella sabe que esa mierda de vida no tiene horizonte más allá de su adolescencia o temprana juventud. Que solo cárcel o muerte serán reverso o anverso. Mientras la huésped invitada va encariñándose cada vez más con la hembra y su hermanito, el adolescente que lleva el hogar es harina del costal de las circunstancias: el tigueraje como de supervivencia. La tangente de su espacio. Por avatares y dobladas forzadas del arco realista que plantea el gueto, ciudadana francesa y niño al que quiere, escaparán a la tierra de Eleguá, aprendiendo ella que primero estuvo en contacto con esa parte de África proscripta y relegada Santodomingueña.

Casi militantemente pienso que en esta película importa más el cómo y menos el por qué: de inicio se podría acusar a este filme de plano, de narración monotextual, y creo que es un error: sus fugas al diarismo de los jóvenes en constante nervio, el hip hop cual pelea de gallos-una de las pocas vías para dejar el barrio-, la pirotecnia slow del chico y el machete; cuando no la estampida al entrar los policías para “cazarlos”, cuando sabemos que en la mayoría de los casos no son más que socios; Cuando en un momento dado del escape de ciudadana francesa se revela en flash forward enigmático su destino final; o cuando la hembra y su hermanito se sientan-por separado-en el techo de la vivienda, en su atalaya a observar la incentidumbre, la desazón; pero además la deriva musical constante que no celebra la delincuencia, pero de manera más etnográfica y con puro respeto, nos revela algunos de sus rituales. Esto realza la voluntad de un film que se propone romper espacio y tiempo, prodigando con mucha calidad y constantes y hermosos planos cerrados-aún en los grandes planos generales- una poesía concreta, una deriva acompañada de partitura sintética, remitente con mucha certeza al acuciado Andrew Davis de Expreso Medianoche (Alan Parker, 1978), detalle que realza una atmósfera vídeoclipera de la mejor calidad, pues Herrera es un realizador muy experimentado y talentoso en este arte. (Vea quien no conoce, por favor, Callejero Music del rapero domínico-español Original Juan,).

Recientemente pensaba que nuestros barrios no son estrictamente materiales de policiales o celebración obscena de la criminalidad, y que de alguna forma la aproximación de la mayoría de nuestros cineastas al tema, cruzaba la frontera de la explotación. A partir de esa realidad, Bantú Mama introduce nuevos términos al joven canon fílmico nacional en esa suerte de subgénero como la sororidad y la redención desde el barrio. Claro, siempre con herramientas que retratan de cuerpo entero una realidad insoslayable: con “cuarto”, se hace lo que sea en este país.

FICHA TÉCNICA

Dirección: Iván Herrera.

Guion: Iván Herrera y Clarissa Albrecht.

Actuaciones de: Clarisse Albrecht, Euris Javiel, Johnny Morales Jr., Arturo Pérez, Scarlet Reyes, Donis Taveras.

Cinematografía: Sebastián Cabrera Chelin.

Edición: Ana Milagros Basanta, David Castillo, Pablo Chea e Israel Cárdenas.

País: República Dominicana, 2021.

Duración: 1hora 17 minutos.

Producida por: Franmiris Lombert.

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